6 de diciembre | Devocional: Alza tus ojos | La compasión divina

Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. Lamentaciones 3:22,23.

Cuando considero la condición en que se encuentra el mundo, se posesionan de mí sentimientos muy solemnes. Oh, cuánta indiferencia, cuánto crimen, cuánta desobediencia y pecado. Cuán triste, cuán terriblemente triste es que el mundo no reconozca el amor de Dios, quien dio a su Hijo unigénito como nuestro Redentor, a Jesucristo, que era igual a Dios. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Juan 3:16. Durante siglos el pecado ha estorbado, o tal vez, impedido la gran obra de la benevolencia divina, obstruyendo el canal mediante instrumentos humanos que rehúsan recibir el don celestial y que, por lo tanto, no pueden impartirlo.

Dios llama a los hombres y las mujeres para que sean obreros consagrados que trabajen con Jesucristo. Aunque el pecado y la maldad han estado obstruyendo por largo tiepo la corriente de la gracia abundante, ésta no ha sido totalmente cortada de la tierra. Su curso viene hacia la tierra, y si los hombres tan sólo estuvieran dispuestos a cooperar con Dios, si el canal de comunicación se mantuviera abierto, sin restricciones, la luz del cielo resplandecería en todas partes del mundo, dispersando las tinieblas morales.

Estoy contenta de que debamos trabajar fervientemente. Los ministros no son los únicos que deben brillar. Deben levantarse obreros en todas las iglesias; y en la medida en que los que reciban la verdad se mantengan humildes y contritos, serán los instrumentos que Dios usará para bendecir a sus prójimos mediante todo lo que puedan hacer con su supuesta humilde capacidad.

No es por medio de los más eruditos ni de los más elocuentes miembros de la familia humana como se revelará el Señor. “Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo. Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados”. Isaías 57:15. “Pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra”. Isaías 66:2.

El Señor pedirá cuenta a los hombres por las capacidades que les dio, por medio de las cuales pueden usar todas las facultades del intelecto, y toda su fuerza física y moral en su servicio para hacer el bien y bendecir a otros. Se ha producido una crisis en el gobierno de Dios en la tierra. La compasión divina ha estado fluyendo hacia la gente, a pesar de que ha sido resistida por corazones obcecados.—Carta 52, del 6 de diciembre de 1895, dirigida a un pastor en Australia.

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DEVOCIONAL: ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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