5 de septiembre | La fe por la cual vivo | Elena G. de White | Permitamos que Dios gobierne

Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guarda. Salmos 127:1.

“Dios… deseaba que la tierra se llenara de gozo y paz. Creó al hombre para la felicidad, y anhela llenar el corazón humano con la paz del cielo. Desea que las familias terrenales sean un símbolo de la gran familia celestial.”—Sketches From the Life of Paul, 266.
“El hogar debiera ser todo lo que la palabra implica. Debiera ser un pequeño cielo en la tierra, un lugar donde los afectos se cultiven en vez de reprimirse diligentemente. Cultívense el amor, la simpatía y la verdadera cortesía mutua. De ello depende nuestra felicidad.”—Testimonies for the Church 3:639.
“Que vuestro hogar sea tal que Cristo pueda entrar en él como huésped permanente…. El hogar donde los miembros son cristianos bondadosos y corteses ejerce una influencia de gran alcance para el bien…. Los ángeles del cielo visitan a menudo el hogar donde la voluntad de Dios impera. Bajo el poder de la gracia divina tal hogar llega a ser un sitio de refrigerio para el cansado peregrino. El yo no hace valer allí sus derechos. En él se forman los hábitos correctos. Hay allí un cuidadoso reconocimiento de los derechos de los demás. La fe que obra por el amor y purifica el alma mantiene el timón y gobierna la familia entera.”—The Signs of the Times, 17 de febrero de 1904.
“Una familia bien constituida y bien dirigida es la mayor evidencia del poder del cristianismo que puede ser presentada al mundo.”— Testimonies for the Church 4:304.

DEVOCIONAL LA FE POR LA CUAL VIVO
Elena G. de White

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