5 de septiembre 2020 | Devoción Matutina para Jóvenes | Roberto Luis Stevenson

Luego el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra. Sopló aliento de vida en la nariz del hombre, y el hombre se convirtió en un ser viviente. Génesis 2:7.

– Cummy -insistía el pequeño Luis, mientras le tiraba la falda a su niñera y gesticulaba-, quiero salir a jugar afuera.

-No, Luis -respondió la Srta. Cunningham-; has estado muy enfermo con ese resfrío y la tos que no te deja en paz. Todavía no estás lo suficientemente bien como para salir afuera. ¿Te gustaría que te leyera algunas historias?

-Está bien -respondió el pequeño con un suspiro de resignación.

Se sentó en la cama, cubierto con frazadas, mientras ella le leía varias historias bíblicas emocionantes.

-Ahora tengo que trabajar un poco -le dijo su nana- ¿Por qué no me dibujas un cuadro?

Obedientemente, Luis sacó sus lápices, papel y pinturas de agua. Se acostó en la alfombra frente a la estufa y se entretuvo pintando. Antes que hubiera terminado, su mamá entró en la habitación para ver cómo seguía.

-Mira, mamá -dijo el pequeño-, dibujé a un hombre. ¿Quieres ahora que dibuje su alma?

-Me gusta mucho como está. Pero, no se puede ver el alma -respondió su mamá con una sonrisa.

¿Tendría razón la Sra. Stevenson? ¿Será, acaso, el alma algo que poseemos, pero que no es visible? ¿Qué forma tiene? ¿Cuál será su aspecto? ¿Será el alma algo así como un fantasma que se va flotando al cielo cuando morimos? Muchos así lo creen.

Sin embargo, el alma no es un ente incorpóreo que yace dentro de ti y de mí; es lo que uno es. Adán fue creado con dos elementos: el polvo de la tierra y el hálito de vida. En el momento en que Dios unió la materia con el espíritu, dice nuestro versículo de hoy, se convirtió en un ser viviente. Al morir, estos dos elementos se separan. El polvo regresa nuevamente a la tierra y el hálito de vida vuelve a Dios. Ahí deja de existir el alma (ser viviente), hasta el día de la resurrección, cuando Dios vuelva a unir esos dos elementos.

Imagina que vas a construir una caja de madera. Primero tienes un montón de tablas y otro de clavos. Introduces los clavos en la madera y construyes una caja. Así es cuando nacemos. Ahora, deshaz la caja. Nuevamente tienes una pila de tablas y un montón de clavos. ¿Qué sucedió con la caja? Simplemente desapareció, hasta cuando alguien la vuelva a construir. Así también es la muerte y la resurrección.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2020



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