5 de Octubre | Una religión radiante | Elena G. de White | La alegría de ofrendar para construir el templo

«Y se alegró el pueblo por haber contribuido voluntariamente; porque de todo corazón ofrendaron espontáneamente aJehová».1 Crónicas 29: 9

CON EL INTERÉS MÁS PROFUNDO el rey había reunido los preciados materiales para la construcción y el embellecimiento del templo. Había compuesto los gloriosos himnos que en los años venideros habrían de resonar por sus atrios. Ahora su corazón se regocijaba en Dios, al ver como los principales de los padres y los caudillos de Israel respondían tan noblemente a su solicitud, y se ofrecían para llevar a cabo la trascendental obra que les esperaba. Y mientras prestaban servicio, estaban dispuestos a hacer más. Añadieron al tesoro más ofrendas de su propio caudal.
David había sentido profundamente su propia indignidad para reunir el material destinado a la casa de Dios, y lo llenaba de gozo la expresión de lealtad mostrada en la pronta respuesta de los nobles de su reino, cuando con tanta generosidad ofrecieron sus tesoros al Señor, y se consagraron a su servicio. Pero solo Dios era el que había impartido esa disposición a su pueblo. Solo él, y no el hombre, debía ser glorificado. Era él quien había provisto al pueblo con las riquezas de la tierra, y su Espíritu les había dado buena voluntad para entregar aquellos valiosos materiales en beneficio del templo. Todo era del Señor, y si su amor no hubiera movido los corazones del pueblo, los esfuerzos del rey habrían sido en vano y el templo no se habría construido.
Todo lo que recibimos de la bondad de Dios sigue perteneciendo al Señor. Todo lo que Dios nos ha otorgado en lo mejor y más bello de la tierra, ha sido puesto en nuestras manos para probamos, para sondear la profundidad de nuestro amor hacia él y del aprecio en que tenemos sus favores. Ya se trate de tesoros o de dones del intelecto, hemos de depositarlos como ofrenda voluntaria a los pies de Jesús y como dadores hemos de decir como David: «Todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos» (2 Crón. 29: 14).— Patriarcas y profetas, cap. 73, p. 744.

Mi reflexión personal
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DEVOCIONAL ADVENTISTA
UNA RELIGIÓN RADIANTE
Reflexiones diarias para una vida cristiana feliz
Elena G. de White

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