5 de noviembre | Devocional: Alza tus ojos | Cristo vino para revelar a Dios

¿Descubrirás tú los secretos de Dios? ¿Llegarás tú a la perfección del Todopoderoso? Job 11:7.

Cristo reveló a Dios. Los que desean conocer a Dios, estudien la obra y las enseñanzas de Cristo. A los que le reciben y creen en El, les da poder para llegar a ser hijos de Dios. El dice: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga”. Mateo 11:28-30…

Las conjeturas y el talento humano han tratado de encontrar a Dios mediante la investigación. Muchos han transitado este camino. El intelecto más elevado puede abrumarse con conjeturas acerca de Dios, pero el esfuerzo será infructuoso, porque permanece el hecho de que el hombre no puede encontrar a Dios por medio de la investigación. No se nos ha dado este problema para que lo resolvamos. Todo lo que el hombre necesita y puede saber de Dios ha sido revelado en la vida y el carácter de su Hijo, el gran Maestro. A medida que aprendemos más y más acerca de lo que es el hombre, de lo que nosotros mismos somos a la vista de Dios, temeremos y temblaremos ante El.

A los que quisieran presentar a cada hombre nacido como rey, a los que no hacen distinción entre los conversos y los inconversos; a los que están perdiendo el sentido de su necesidad de Cristo como su Salvador, les diría: “¡Piensen en cómo han sido ustedes durante el período de su existencia! ¿Sería agradable o placentero contemplar hecho tras hecho de la obra de nuestra vida a la vista de Aquel que conoce cada pensamiento humano, y ante cuyos ojos todas las acciones del hombre son como un libro abierto?”

Insto a todos los que están comprometidos en el servicio de Dios a ubicarse completamente del lado de Cristo. Hay peligros a diestra y siniestra. Nuestro mayor riesgo vendrá de hombres que entregaron sus almas a la vanidad, y que no tuvieron en cuenta las palabras de advertencia y reproche enviadas por Dios. Al elegir estos hombres su propia voluntad y camino, el tentador, vestido con ropas angelicales, está cerca de sus hijos, listo a unir su influencia a la de ellos. Les presenta engaños del más atractivo carácter, que ellos a su vez presentan al pueblo de Dios. Algunos de los que escuchan serán engañados, y trabajarán en límites peligrosos.

El Señor llama. ¿Oirán los hombres y las mujeres su voz? El da la advertencia. ¿La escucharán? ¿Prestarán oídos al último mensaje de misericordia enviado al mundo caído? ¿Aceptarán el yugo de Cristo, y aprenderán de su mansedumbre y humildad?— Carta 240, del 5 de noviembre de 1903, dirigida a “los estudiantes de medicina y a las enfermeras”, escrita durante la crisis panteísta.*

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DEVOCIONAL: ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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