5 de noviembre 2019 | Devoción Matutina para Adultos | Nuestra mayor necesidad

 “Y profeticé como me había mandado, y entró espíritu en ellos, y vivieron, y estuvieron sobre sus pies; un ejército grande en extremo” (Ezequiel 37:10).

La visión del profeta Ezequiel sobre el valle de los huesos secos tuvo dos grandes momentos. En el primero, la palabra del hombre resultó en acción. En el segundo, el Espíritu actuó, y surgió la vida. Ese contraste hace evidente el límite humano y el alcance del poder vivificador del Espíritu.

Como iglesia, tenemos abundancia de palabras, pero falta el soplo del Espíritu. Sin él, continuaremos viviendo una rutina fría y sin vida; con fiestas, programas, ceremonias y ritos basados en el formalismo y hasta en el egoísmo. En el diagnóstico preciso de Elena de White, vemos que “dondequiera la necesidad del Espíritu Santo sea un asunto en el cual se piense poco, se ve sequía espiritual, oscuridad espiritual, decadencia y muerte espirituales” (Los hechos de los apóstoles, p. 41).

Dios organizó su iglesia de manera perfecta, con cada miembro en su lugar. Sin embargo, mientras el soplo del Espíritu Santo no llenó la sala donde los apóstoles estaban en Pentecostés, el pueblo de Dios no tuvo vida, poder ni crecimiento.

No podemos concentrar todo nuestro tiempo y nuestra energía en la búsqueda de nuevos programas, mejores planes, tecnología de punta o apariencia más moderna, y dejar de poner en primer plano lo que es esencial: movimientos profundos y equilibrados en busca de poder, vida y transformación del Espíritu. Necesitamos de él para que nos levantemos como un poderoso ejército.

Elena de White advierte: “Si la promesa no se cumple como debiera, se debe a que no es apreciada debidamente. Si todos lo quisieran, todos serían llenados del Espíritu” (Los hechos de los apóstoles, p. 41).

No existe cumplimiento de la misión sin el bautismo del Espíritu. El poder de Dios es la llama que mueve a la iglesia. Solamente por medio de él la misión será cumplida.

En Pentecostés, el Espíritu Santo fue enviado recién después de que Jesús fuera entronizado en el cielo. Nuestro Pentecostés personal también vendrá solamente cuando Jesús sea entronizado en el corazón. Por eso, haz de esa búsqueda una prioridad personal, y trabaja para que colectivamente la iglesia también sea bendecida con el poder del Espíritu Santo.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2019

NUESTRA ESPERANZA

Erton Kohler

Lecturas devocionales para Adultos 2019

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