5 de marzo | Devocional: Nuestra Elevada Vocación | La obra perfecta de la paciencia

Sabiendo que la prueba de vuestra fe obra paciencia. Mas tenga la paciencia perfecta su obra, para que seáis perfectos y cabales, sin faltar en alguna cosa. Santiago 1:3, 4.

El apóstol dice que debemos recibir la gracia de la temperancia, para que podamos recibir la de la paciencia. La paciencia, cuando hay pruebas, evitará que digamos y hagamos aquellas cosas que herirán nuestras propias almas, y herirán a aquellos con quienes nos relacionamos. No importa cuántas sean vuestras pruebas, ninguna cosa podrá dañaros seriamente si ejercitáis la paciencia, si manifestáis calma y serenidad cuando estáis en situaciones difíciles. …

Podemos ver la sabiduría de Pedro, al colocar la temperancia como una gracia que debía añadirse al conocimiento, antes de adquirir la paciencia. Esta es una de las razones por las cuales es necesario vencer el apetito hacia todos los estimulantes, porque cuando los nervios se excitan por la influencia de esas sustancias irritantes, ¡cuántos y cuán penosos son los males que se hacen!

El cristiano tiene necesidad de añadir paciencia a la temperancia. Es necesario tener principios firmes y propósitos fijos, para no ofender en palabra o acción, ya sea a nuestra conciencia o el sentimiento de los demás. Debe haber una elevación por encima de las costumbres del mundo, a fin de soportar el reproche, el chasco, las pérdidas y las cruces, sin murmurar, pero con una dignidad exenta de toda queja. Un hombre o una mujer petulante y de mal genio, realmente no sabe lo que es ser feliz. Toda copa que lleva a sus labios parece ser amarga, y su senda parece estar sembrada con ásperas piedras, con espinas y abrojos; pero a la temperancia debe añadirse paciencia, y no deben verse ni sentirse las cosas desagradables.

La paciencia debe realizar su obra perfecta, o no podremos ser perfectos y completos, sin que nada nos falte. Se nos han señalado dificultades y aflicciones, que nosotros debemos soportar pacientemente, ¿o bien amargaremos a todos con nuestras quejas? El oro se pone en el crisol para quemar la escoria. ¿No seremos nosotros pacientes bajo el ojo del refinador? Debemos rehusar hundirnos en un estado mental deprimido y desconsolado; debemos mostrar una tranquila confianza en Dios, experimentando gozo cuando se nos permite soportar las pruebas por Cristo.—Manuscrito 13, 1884, pp. 6-8.

DEVOCIONAL: NUESTRA ELEVADA VOCACIÓN

Elena G. de White

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Devocional

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