5 de marzo | Devocional: Exaltad a Jesús | Jesús recibe la seguridad de su calidad de hijo

Aconteció que cuando todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fue bautizado; y orando, el cielo se abrió. Lucas 3:21.

Cuando Jesús vino para ser bautizado, Juan reconoció en él una pureza de carácter que nunca había percibido en nadie. La misma atmósfera de su presencia era santa e inspiraba reverencia. Entre las multitudes que le habían rodeado en el Jordán, Juan había oído sombríos relatos de crímenes, y conocido almas agobiadas por miríadas de pecados; nunca había estado en contacto con un ser humano que irradiase una influencia tan divina. Todo esto concordaba con lo que le había sido revelado acerca del Mesías. Sin embargo, vacilaba en hacer lo que le pedía Jesús. ¿Cómo podía él, pecador, bautizar al que era sin pecado? ¿Y por qué había de someterse el que no necesitaba arrepentimiento a un rito que era una confesión de culpabilidad que debía ser lavada?…

Jesús no recibió el bautismo como confesión de culpabilidad propia. Se identificó con los pecadores, dando los pasos que debemos dar, y haciendo la obra que debemos hacer. Su vida de sufrimiento y paciente tolerancia después de su bautismo, fue también un ejemplo para nosotros.

Después de salir del agua, Jesús se arrodilló en oración a orillas del río. Se estaba abriendo ante él una era nueva e importante.—El Deseado de Todas las Gentes, 84-85.

Los ángeles nunca habían escuchado una oración semejante. Sentían el ferviente deseo de llevarle un mensaje de seguridad y amor al Redentor que estaba en oración. Pero no; el mismo Padre atendería a su Hijo. La luz de la gloria de Dios resplandeció directamente desde el trono. Los cielos se abrieron, y los rayos de luz y gloria procedentes de él tomaron la forma de una paloma y la apariencia del oro bruñido. Además, la forma de la paloma era un emblema de la humildad y la mansedumbre de Cristo.

La gente permaneció muda de temor y asombro. Sus ojos estaban fijos en Cristo, cuya forma postrada se veía envuelta en la hermosa luz y la gloria que rodean constantemente al trono de Dios. Su rostro vuelto hacia arriba estaba glorificado como nunca habían visto la faz de hombre alguno. Los truenos resonaban y los relámpagos iluminaban los cielos abiertos, a la vez que de ellos procedía una voz de majestad terrible, diciendo: “Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia”. Lucas 3:22… La voz de Jehová le dio a Cristo la seguridad de su calidad de Hijo con el Eterno.—The Youth’s Instructor, marzo de 1874.

La gloria que descansó sobre Jesús es una prenda del amor de Dios hacia nosotros. Nos habla del poder de la oración, de cómo la voz humana puede llegar al oído de Dios, y ser aceptadas nuestras peticiones en los atrios celestiales… La luz que cayó por los portales abiertos sobre la cabeza de nuestro Salvador, caerá sobre nosotros mientras oremos para pedir ayuda con que resistir a la tentación. La voz que habló a Jesús dice a toda alma creyente: “Este es mi Hijo amado, en el cual tengo contentamiento”.—El Deseado de Todas las Gentes, 87-88.

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DEVOCIONAL

EXALTAD A JESÚS

Elena G. de White

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