5 de junio | Devocional: Conflicto y Valor | La jactancia humana

1 Samuel 17:4-29.

Y añadió el Filisteo: Hoy yo he desafiado al campamento de Israel; dadme un hombre que pelee conmigo. 1 Samuel 17:10.

Cuando Israel declaró la guerra a los filisteos, tres de los hijos de Isaí se unieron al ejército bajo las órdenes de Saúl; pero David permaneció en casa. Después de algún tiempo, sin embargo, fue a visitar el campamento de Saúl. Por orden de su padre debía llevar un mensaje y un regalo a sus hermanos mayores y averiguar si estaban sanos y salvos… A medida que David se acercaba al ejército, oyó un alboroto, como si se estuviera por entablar una batalla…

Goliat, el campeón de los filisteos, salió, y con lenguaje ofensivo retó a duelo a Israel, y lo desafió a presentar de entre sus filas un hombre que pudiera enfrentársele en singular pelea. —Historia de los Patriarcas y Profetas, 698.

Durante cuarenta días la hueste israelita había temblado ante el desafío arrogante del gigante filisteo. Sus corazones decaían cuando miraban al enorme cuerpo, que medía seis codos y un palmo. Llevaba en la cabeza un almete de metal, y estaba vestido de una coraza de planchas que pesaba cinco mil siclos y con grebas de metal en las piernas. La cota estaba hecha de planchas de metal puestas la una sobre la otra, como las escamas de un pez, tan estrechamente juntadas que ningún dardo o saeta podía penetrar a través de la armadura. A la espalda el gigante llevaba una jabalina o lanza enorme, también de bronce. “El asta de su lanza era como un engullo de telar, y tenía el hierro de su lanza seiscientos siclos de hierro; e iba su escudero delante de él”. —Ibid. 700.

Israel no desafió a Goliat, sino que Goliat hizo sus alardes de orgullo contra Dios y su pueblo. El desafío, la jactancia y las quejas deben venir de los opositores de la verdad, quienes actúan como Goliat. Pero no debiera verse a nadie con este espíritu entre aquellos a quienes Dios ha enviado a proclamar el último mensaje de advertencia a un mundo condenado.

Goliat confiaba en su armadura. Aterrorizaba a los ejércitos de Israel con sus jactancias desafiantes, salvajes, mientras hacía un imponente despliegue de su armadura, que era su fuerza. Testimonies for the Church 3:218, 219.

DEVOCIONAL: CONFLICTO Y VALOR

Elena G. de White



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Devocional

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