5 de junio 2021 | Devoción Matutina para Adultos 2021 | ¿Espina o cielo?

“Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltara, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca” (2 Corintios 12:7).

Corinto era una ciudad comercial y rica, que tenía dos puertos. Contaba con más de tres cuartos de millón de habitantes. Era lugar de paso y de entrada de todo. En Corinto había pluralidad y sincretismo religioso. Abundaban los templos para decenas de dioses: Dionisio, Diana, Júpiter, Zeus, y Afrodita o Venus, la diosa del amor.
En esta ciudad promiscua e inmoral el Señor implantó una iglesia, que tenía que invadir al mundo, pero que estaba siendo invadida por él. Sus graves pecados estaban entrando a la iglesia. Pablo quiere traer la iglesia plenamente a Cristo y su Palabra.
El apóstol les cuenta a los creyentes corintios una experiencia suya realmente extraordinaria: Que había sido arrebatado hasta el tercer cielo (1 Cor. 12:2-4). Luego, había descendido a la tierra sin soberbia y con humildad.
Él seguía padeciendo un punzante aguijón en la carne, una espina que atribuía a un mensajero de Satanás. El propósito del enemigo era molestarlo y estorbar su obra. El propósito de Cristo al permitir la aflicción era protegerlo del orgullo (vers. 5-11).
El apóstol habla de cosas sublimes y del cielo, y, a veces, nosotros lo que queremos saber es en qué consistía la espina en su carne.
¿Cuál era el aguijón del apóstol? ¿Dificultades en la vista? ¿Miopía, astigmatismo, o algo más grave, como un glaucoma? No sabemos exactamente. Lo cierto es que él clamó por sanidad y el Señor le dijo: “Bástate mi gracia” (vers. 9).
Aquella dolorosa y molesta espina no le iba a impedir predicar. Pablo seguía preparando almas para el cielo. Muchos pasan por alto sus espinas y se deleitan en ver las ajenas, y exponerlas ante todos, incluso, en las redes sociales. En lugar de evangelizar con el cielo, mundanalizan con las espinas.
Pablo clama por remedio, pero Dios sabe que el mejor remedio es dejarle la espina, porque eso lo hará más fuerte, precisamente por tener que ser más dependiente… del Omnipotente.
No hay lugar en Pablo para criticar, él tiene que predicar.
No hay lugar para el murmurar, él tiene que adorar.
El Señor no le sacó la espina, pero lo llenó de su gracia. Y eso era más que suficiente.
En 1986, una tempestad hundió la embarcación de Edward Shiflett en el Golfo de México. Así y todo, él consiguió aferrarse a un material de flotación. Dos días después fue salvado por la guardia costera. Estaba tranquilo, recostado sobre su propia pierna ortopédica de madera. Él había perdido su pierna en un accidente automovilístico algunos años atrás. Siempre se refería a su pierna artificial como una desgracia, pero ahora se había transformado en su salvavidas.
Permite hoy que el Señor se ocupe de tu espina,
mientras tanto vive ocupado pregonando
y preparándote para el cielo.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2021



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