5 de julio | Devocional: Una religión radiante | La lluvia tardía será más abundante que la temprana

«Ustedes también, oh hijos de Sion, alégrense y regocíjense en el Señor su Dios, porque les ha dado la lluvia primera en su justa medida. También hará descender sobre ustedes la lluvia temprana y la tardía, como antes».

Joel 2: 23, RVA15

EL ESPÍRITU VINO SOBRE LOS DISCÍPULOS, que esperaban y oraban con una gran consagración que alcanzó a todos los corazones. El Ser infinito se reveló con poder a su iglesia. Era como si durante siglos esa influencia hubiera estado restringida, y ahora el cielo se regocijara en poder derramar sobre la iglesia las riquezas de la gracia del Espíritu. Y bajo la influencia del Espíritu, las palabras de arrepentimiento y confesión se mezclaban con cantos de alabanza por el perdón de los pecados. Se oían expresiones de agradecimiento y de profecía. Todo el cielo se inclinó para contemplar y adorar la sabiduría del incomparable e incomprensible amor divino. Extasiados de asombro, los apóstoles exclamaron: «En esto consiste el amor» (1 Juan 4: 10). Se aferraron al don impartido. ¿Y qué siguió? «La espada del Espíritu» (Efe. 6: 17), recién afilada con el poder y bañada en los rayos del cielo, se abrió paso a través de la incredulidad. Miles se convirtieron en un día y los discípulos se asombraban y se regocijaban en gran manera por la enorme cosecha de almas.— Los hechos de los apóstoles, cap. 4, pp. 31, 35.

Estas escenas han de repetirse, y con mayor amplitud. El descenso del Espíritu Santo en el día de Pentecostés fue la lluvia temprana, pero la lluvia tardía será más abundante. El Espíritu espera que lo pidamos y que lo recibamos.— Palabras de vida del gran Maestro, cap. 9, p. 92.

«Cuando llegó el día de Pentecostés estaban todos unánimes juntos. De repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa  donde estaban; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de juego, asentándose sobre cada uno de ellos. Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablaran». Hechos 2: 1-4

MI RELEXIÓN PERSONAL

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UNA RELIGIÓN RADIANTE

Reflexiones diarias para una vida cristana feliz

Elena G. de White

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