5 de julio | Devocional: La fe por la cual vivo | El propósito del santuario

Y hacerme han un santuario, y yo habitaré entre ellos. Éxodo 25:8.

“En cuanto a la construcción del santuario, como morada de Dios, Moisés recibió instrucciones para hacerlo de acuerdo con el modelo de las cosas que estaban en los cielos. Dios lo llamó al monte y le reveló las cosas celestiales; y el tabernáculo, con todo lo perteneciente a él, fue hecho a semejanza de ellas.

“Así reveló Dios a Israel, al cual deseaba hacer morada suya, su glorioso ideal de carácter…

“Pero por sí mismos, eran impotentes para alcanzar ese ideal. La revelación del Sinaí sólo podía impresionarlos con su necesidad e impotencia. Otra lección debía enseñar el tabernáculo mediante su servicio de sacrificios: la lección del perdón del pecado y el poder de obedecer para vida, por medio del Salvador.

“Por medio de Cristo se había de cumplir el propósito simbolizado por el tabernáculo: ese glorioso edificio, cuyas paredes de oro brillante reflejaban en matices del arco iris las cortinas bordadas con figuras de querubines, la fragancia del incienso que siempre ardía y compenetraba todo, los sacerdotes vestidos con ropas de blancura inmaculada, y en el profundo misterio del recinto interior, sobre el propiciatorio, entre las formas de los ángeles inclinados en adoración, la gloria del lugar santísimo. Dios deseaba que en todo leyese su pueblo su propósito para con el alma humana.”—La Educación, 33, 34.

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DEVOCIONAL

LA FE POR LA CUAL VIVO

Elena G. de White

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