5 de julio | Devocional: Exaltad a Jesús | La comunión con el príncipe de los pastores

Porque nosotros somos colaboradores de Dios. 1 Corintios 3:9.

Una relación vital con el Príncipe de los pastores hará del subpastor un representante vivo de Cristo, una verdadera luz para el mundo. Es esencial una comprensión de todos los puntos de nuestra fe, pero es aún de mayor importancia que el predicador esté santificado por la verdad que presenta.

El deseo y la capacidad de comprender el significado del servicio de Dios aumentan constantemente en el obrero que conoce el significado de la unión con Cristo. Su conocimiento se amplifica; porque crecer en gracia significa tener siempre mayor capacidad de comprender las Escrituras. El tal es verdaderamente colaborador de Dios. Se da cuenta de que no es sino un instrumento, y que debe ser pasivo en las manos del Maestro. Le sobrevienen pruebas; porque a menos que sea así probado, nunca conocería su falta de sabiduría y experiencia. Pero si busca al Señor con humildad y confianza, toda prueba obrará para bien suyo. A veces puede parecer que fracasa, pero su fracaso aparente puede ser el modo que Dios tenga de reportarle verdadero adelanto, y puede significar mejor conocimiento de sí mismo y una confianza más firme en el cielo. Puede ser que cometa todavía errores, pero aprenderá a no repetirlos. Se vuelve más fuerte para resistir al mal, y otros cosechan beneficios de su ejemplo…

Aquellos que tienen la experiencia más profunda de las cosas de Dios son los que más se alejan del orgullo y ensalzamiento propio. Por tener un alto concepto de la gloria de Dios, comprenden que el lugar más humilde en su servicio es demasiado honorable para ellos.

Cuando Moisés bajó del monte después de pasar cuarenta días en comunión con Dios, no sabía que su rostro reflejaba un resplandor que atemorizaba a aquellos que lo miraban.

Pablo tenía una muy humilde opinión de su progreso en la vida cristiana. Habla de sí mismo como del mayor de los pecadores. También dice: “No que ya haya alcanzado, ni que ya sea perfecto”. Sin embargo, Pablo había sido altamente honrado por le Señor.

Nuestro Salvador declaró que Juan el Bautista era el mayor de los profetas; sin embargo, cuando se le preguntó a él mismo si era el Cristo, declaró que no se consideraba digno de desatar las sandalias de su Maestro. Cuando sus discípulos se presentaron con la queja de que todos se volvían hacia el nuevo Maestro, Juan les recordó que él no era sino el precursor del que había de venir.

Hoy se necesitan obreros que tengan ese espíritu… Nuestro Señor pide obreros que, sintiendo su propia necesidad de la sangre expiatoria de Cristo, entren en su obra… con la plena seguridad de la fe, percatándose de que siempre necesitan la ayuda de Cristo para saber cómo tratar con las mentes.—Obreros Evangélicos, 149-151.

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DEVOCIONAL

EXALTAD A JESÚS

Elena G. de White

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