5 de diciembre 2022 | Devoción Matutina para Menores 2022 | ¡Uno contra nueve!

«Y se arrodilló delante de Jesús, inclinándose hasta el suelo para darle las gracias. Este hombre era de Samaría. Jesús dijo: «¿Acaso no eran diez los que quedaron limpios de su enfermedad? ¿Dónde están los otros nueve?»». Lucas 17: 16,17

Eran diez hombres con una enfermedad horrible: la lepra. Imagínate vivir en la época de Jesús. Si eras leproso, tenías que abandonar tu casa, tu familia, vivir como pudieras en las afueras de la ciudad y, cuando te cruzaras con alguien sano, debías gritar: «¡Inmundo!», para que se alejase de ti y no lo contagiases. Qué feo y vergonzoso vivir así, ¿no?
Ellos se enteraron de que un Maestro llamado Jesús sanaba a la gente con enfermedades de todo tipo. Por ello, cuando se lo cruzaron, comenzaron a gritar, rogándole al bondadoso Maestro la sanidad. Jesús no los sanó inmediatamente porque quería probar su fe. Simplemente les dijo que fuera a presentarse a los sacerdotes para que los declarara limpios. Y fue así que mientras corrían hacia la ciudad, ¡descubrieron que estaban sanos!
¡Qué alegría! Me los imagino corriendo con más energías aún.
De pronto, uno de ellos se detuvo y comenzó a correr para el lado contrario. Antes de presentarse al sacerdote tenía algo pendiente. Volvió donde estaba Jesús, glorificando a Dios en voz alta; se arrodilló y le agradeció por haberlo sanado. ¡Qué detalle! Me imagino dos sentimientos que habrá experimentado Jesús: la alegría de ver alguien dando gloria a Dios por su sanidad y la tristeza por ver que era solo uno de los diez que él había sanado.
¿Y sabes una cosa? El leproso agradecido fue el único que recibió doble bendición: primero la sanidad y luego la salvación; ya que Jesús lo despidió diciéndole: «Vete, tu fe te ha salvado».
Tristemente, después de dos mil años, la proporción se mantiene. Si miras a tu alrededor verás que más o menos una de cada diez personas son agradecidas. Todos somos expertos en pedir y rogar, pero una vez que tenemos lo que pedimos, seguimos nuestro camino muy contentos sin tomarnos el trabajo de agradecer. La próxima vez que pidas algo a tus padres (algún juguete, ir a algún lugar especial), a tus profesores (que te den tiempo extra para completar tu evaluación escrita o un poco más de tiempo de recreo) o a tus amigos (que compartan sus cosas contigo), recuerda también agradecerles de palabra, con un abrazo o con una tarjeta. ¡Usa tu imaginación!
Pero sé como el leproso agradecido y notarás que el principal bendecido ¡serás tú!

Gabriela

DEVOCIÓN MATUTINA PARA MENORES 2022



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