5 de abril del 2026 | Devoción Matutina para Jóvenes 2026 | El abrazo de Dios

«»En ese tiempo yo los traeré a ustedes, en ese tiempo los reuniré yo; y los pondré por renombre y alabanza entre todos los pueblos de la tierra, cuando restaure sus cautivos ante sus propios ojos», dice el Señor». Sofonías 3: 20

EI sol estaba saliendo cuando salí en mi automóvil con mi familia para una presentación con el cuarteto Arautos do Reí. Ese sería un día especial, ya que haríamos el programa junto con el pastor Alejandro Bullón, un gran predicador de la Palabra.
Durante el trayecto, mis hijos se impacientaron. Miguel, el primogénito, comenzó a jugar con la letra de algunas canciones, usando palabras inadecuadas. Me puse nervioso en ese momento. Al menos unas cinco veces le dije que parara. Pero, lamentablemente, las oportunidades se agotaron.
Entonces, le dije: «¡Cuando lleguemos allí, papá tendrá que corregirte!». El ambiente cambió y nadie dijo nada más.
Cuando llegamos a la iglesia, llamé a Miguel a un rincón y le dije: «Papá te ama mucho, pero lo que hiciste está mal». Con lágrimas en los ojos, apliqué una disciplina bien objetiva. No fue fácil, pero fue necesario. En aquel culto, canté con el corazón apretado.
Después de la presentación, me di cuenta de que la situación se había normalizado, y lo mejor de todo es que nuestros abrazos fueron más fuertes y el amor aún más intenso. Después de ese día, Miguel nunca repitió esa actitud equivocada.
El versículo de hoy es una declaración de amor de Dios a los hijos que cometen errores. Se encuentra en Sofonías, uno de los libros «olvidados» de la Biblia. El nombre Sofonías significa «el Señor acogió». El profeta era tataranieto del rey Ezequías y ejerció el ministerio profético durante el periodo de reforma espiritual promovida por el rey Josías, entre los años 640 y 609 a.C.
En aquel tiempo, Judá se había alejado del Señor y estaba inmerso en una creciente idolatría. Sofonías, en ese momento, fue comisionado por Dios para anunciar el «día del Señor», en el cual ejecutaría juicio sobre la Tierra.
Si Judá respondía al llamado de la gracia, ciertamente encontraría refugio en los brazos del Padre, Aquel que es poderoso para salvar (Sof. 3: 17).
Aunque Judá fue llevado al cautiverio babilónico, un remanente aprendió la lección y regresó a casa. Dios lo recibió con todo su amor. Eso es exactamente lo que Dios hace también con nosotros. Recibe a los pecadores arrepentidos y los acoge con sus brazos cariñosos.

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