4 de septiembre 2020 | Devoción Matutina para Jóvenes | Washington Irving

Señor, tú estás aquí entre nosotros y somos conocidos como pueblo tuyo. ¡Por favor, no nos abandones ahora! Jeremías 14:9.

El 30 de abril de 1789 fue un día muy emocionante para la ciudad de Nueva York. Tronaron los cañones. Vibraron las campanas. Tocaron las trompetas. Se escuchó el redoblar de los tambores. La noche se iluminó con el fulgor de fuegos artificiales. La muchedumbre vitoreaba: “¡Viva Jorge Washington, presidente de los Estados Unidos!” La abigarrada multitud se esforzaba por ver al hombre que había hecho posible su liberación del yugo inglés.

Entre la muchedumbre, había un niño de cinco años llamado Washington Irving. Recibió su nombre en honor del famoso comandante en jefe del Ejército Revolucionario. A medida que Washington avanzaba en el desfile, la nodriza del niño lo sostenía entre sus brazos.

-Mira, niño -le dijo la nana-. Ese es el general Washington. ¡Te pusieron ese nombre en honor de él!

El niño vio al presidente que montaba con aire de dignidad un enorme caballo. Se veía tan distinguido con su traje color marrón hecho en casa, y su resplandeciente espada a su costado.

Sin embargo, verlo de pasadita no fue suficiente para la niñera del pequeño Irving. Al día siguiente, vio entrar al presidente en un negocio. Tomando al pequeño de la mano, cruzó la calle rápidamente y entró en el establecimiento.

Enfrentándose al presidente, exclamó con un bien marcado acento escocés.

-¡Por favor, su excelencia, este chico lleva su nombre!

-Mira nada más, ¿es cierto eso, hijo? -respondió el presidente, mientras le sonreía ampliamente al niño-. Me da mucho gusto conocerte, Washington. Espero que siempre seas un buen niño y, cuando crezcas, seas un buen hombre. Que Dios te bendiga -agregó mientras le acariciaba la cabeza.

Desde ese momento, Jorge Washington fue el héroe de Washington Irving, quien más tarde llegó a ser un gran escritor. Llegó a escribir La vida de Jorge Washington, además de las biografías de Cristóbal Colón, Jacobo Astor, Oliver Goldsmith y el Capitán Bonneville. Sirvió a su país como embajador en Inglaterra y España. Toda su vida trató de poner en alto el buen nombre que se le había dado.

Por el amor que le tienes a Cristo, se te llama cristiano. ¿Haces lo mejor que puedes para honrar el nombre que se te ha dado?

DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2020



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