4 de octubre 2020 | Devoción Matutina para Jóvenes | Marcelo Malpighi

“Vayan a la aldea que está allí -les dijo-. Al entrar, verán un burrito atado, que nadie ha montado jamás. Desátenlo y tráiganlo aquí. Si alguien les pregunta: ‘¿Por qué desatan al burrito?’, simplemente digan: ‘El Señor lo necesita’ ”. Lucas 19:30,31.

Muy interesante la cátedra de esta mañana -le dijo el matemático Giovanni Borelli a Marcelo Malpighi, maestro de Anatomía de la Universidad de Pisa-. Lo que me intriga es cómo llega la sangre de las arterias grandes a las venas mayores, que la regresan al corazón.
-A mí también me intriga lo mismo -respondió Marcelo-, Aunque he pasado horas disecando animales y aun cadáveres humanos, no he podido descubrir la manera en que la sangre fluye por el tejido del cuerpo entre los dos conductos sanguíneos. Debe haber algo poco visible. ¡Si tan solo tuviéramos un telescopio con qué poder ver objetos muy pequeños!
-¡Ajá! El caso es que ya existe un aparato de esos -le dijo su amigo-. Los fabricantes de lentes en Holanda han inventado un instrumento como el que usted desea. Se llama microscopio. Un marinero holandés tenía uno en Nápoles cuando yo era niño. Me permitieron mirar por la lente, y pude ver los vellos en la pata de una pulga.
-¡Tengo que obtener uno de esos aparatos! -exclamó Marcelo-, Hazme el favor de encargar uno de inmediato.
Pasaron varios meses antes de que pudieran recibir el precioso microscopio. Los dos profesores apenas si podían esperar a que les armaran el instrumento. Sin embargo, aun con la ayuda del microscopio, no pudieron descubrir la conexión entre las venas y las arterias.
Después de dos años, y con un lente más potente, Marcelo estudiaba el pulmón disecado de un sapo. Allí pudo ver tubitos muy diminutos que se ramificaban a manera de dedos desde la extremidad de una arteria. Estos se separaban y volvían a unirse en la extremidad de una vena.
-¡Cada uno de los tubitos es como un capilaris! -dijo usando el vocablo en latín que significa cabello-. Los llamaré capilares. Ahora sabemos que estos conductos diminutos son los que llevan el oxígeno y los nutrientes de la sangre a todas las células del cuerpo. También recolectan el dióxido de carbono de las células y lo regresan por las venas al pulmón.
¿Nunca has pensado ser un “capilar” para Jesús? Podrías ser un pequeño conducto por el cual fluya el amor de Dios a tu hogar y tu comunidad. Dios te necesita tanto como a maestros, pastores y cualquier otra clase de obrero.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2020



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