4 de noviembre 2025 | Devoción Matutina para Damas 2025 | ¡No, por favor, no!

«Queridos hermanos, no se extrañen de verse sometidos al fuego de la prueba, como si fuera algo extraordinario» (1 Pedro 4: 12).

Aquella noche llegué por quinta vez a la casa de mi amiga para inyectar a su hija pequeña. Mientras la niña, de apenas cuatro años, me veía preparar la solución, comenzó a llorar. A medida que me acercaba a ella, su llanto era más profundo. Las lágrimas no dejaban de correr por su carita. «¡No, hermana Sayli, por favor, no!», me suplicaba. Ante su súplica, guardé silencio. No tenía sentido explicarle que era necesario suministrarle el medicamento para que la fuerte infección que tenía abandonara su cuerpo. Cuando un niño me pregunta si la inyección le va a doler, mi respuesta siempre es «SÍ». Así que, al no tener nada que decirle, llegué hasta ella y, en medio de su llanto, le puse la inyección. Cuando hubo pasado el momento doloroso, le ofrecí papel para que se limpiara la carita y vino hacia mí. Mientras me despedía de ella desde la reja me envió muchos besos volando, que fueron bien correspondidos por mí.
En ocasiones, nuestro Padre celestial permite que la prueba llegue a nuestra vida para quitar de nosotros la enfermedad del pecado, la enfermedad del orgullo, la infección de la vanidad y el egocentrismo, la carcoma de las mentiras y cualquier otro pecado con que nuestro espíritu esté infectado. Es posible que, como la niña de la que te acabo de hablar, supliquemos llorando, porque no queremos sufrir. Y es posible que no hayamos escuchado respuesta por parte de Dios. Y sí se vale llorar en medio del dolor, en medio de la prueba dura. Se vale llorar porque no somos de acero. Pero debes confiar en que, en medio de ese dolor, de ese silencio, tu Padre amoroso está obrando para moldear tu carácter y tu vida de oración.
El apóstol Pedro afirma que no debemos extrañarnos cuando llegue el fuego de la prueba, porque no nos está sucediendo nada extraño. Al contrario, Dios nos está purificando. Necesitamos el corazón de un niño para enviar besos al cielo después del dolor, y decirle a Jesús: «Gracias por la prueba»; lloré, pero ahora estoy sana.
No sé cuál es tu dolor ahora mismo, y estoy segura de que no encuentras respuestas. Pero te aseguro que, en medio del aparente silencio Dios, él está obrando para tu bien.

Posdata: Feliz porque él me prueba.

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DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2025



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