4 de mayo | Devocional: La maravillosa gracia de Dios | Compartido con Noé

Y habló Dios a Noé… diciendo: He aquí que yo establezco mi pacto con vosotros, y con vuestros descendientes. Génesis 9:8, 9.

Noé debía predicar a las gentes, y también preparar un arca, conforme a la dirección de Dios, para su salvación y la de su familia. No solamente debía predicar, sino que por su ejemplo en la construcción del arca debía convencer a todos de que creía en lo que predicaba…

Noé no se olvidó de Dios quien en su gracia los había preservado, sino que inmediatamente [después de salir del arca] levantó un altar y… ofreció holocaustos sobre el altar, revelando su fe en Cristo, el gran sacrificio, y manifestando su gratitud a Dios por su maravillosa preservación. La ofrenda de Noé ascendió delante de Dios como un sabor agradable. Aceptó la ofrenda y bendijo a Noé y a su familia…

Y para que el hombre no se aterrorizara cuando se acumularan las nubes, y al caer la lluvia, y para que no estuvieran continuamente temerosos de otro diluvio, Dios en su gracia animó a la familia de Noé con una promesa: “Estableceré mi pacto con vosotros, y no exterminaré ya más toda carne con aguas de diluvio… Y dijo Dios: Esta es la señal del pacto que yo establezco entre mí y vosotros y todo ser viviente que está con vosotros, por siglos perpetuos: Mi arco he puesto en las nubes, el cual será por señal del pacto entre mí y la tierra… Estará el arco en las nubes, y lo veré, y me acordaré del pacto perpetuo entre Dios y todo ser viviente, con toda carne que hay sobre la tierra”. Génesis 9:11-16.—Spiritual Gifts 3:65, 73, 74.

A la seguridad dada a Noé respecto al diluvio, Dios mismo ligó una de las más preciosas promesas de su gracia: “Juré que nunca más las aguas de Noé pasarían sobre la tierra; así he jurado que no me enojaré contra ti, ni te reñiré. Porque los montes se moverán, y los collados temblarán; mas no se apartará de ti mi misericordia, ni el pacto de mi paz vacilará, dijo Jehová, el que tiene misericordia de ti”. Isaías 54:9, 10.—Historia de los Patriarcas y Profetas, 97, 98.

DEVOCIONAL

LA MARAVILLOSA GRACIA DE DIOS

Elena G. de White

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