4 de marzo | Devocional: Nuestra Elevada Vocación | “Y en la ciencia templanza”

Y en la ciencia templanza, y en la templanza paciencia; y en la paciencia temor de Dios. 2 Pedro 1:6.

Al conocimiento se le debe añadir temperancia. “¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, mas uno lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Y todo aquel que lucha, de todo se abstiene: y ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible; mas nosotros, incorruptible. Así que, yo de esta manera corro, no como cosa incierta; de esta manera peleo, no como quien hiere el aire: antes hiero mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre”. 1 Corintios 9:24-27.

Los atletas cumplen gozosamente las condiciones necesarias para ser entrenados, para lograr el máximo de su fortaleza física. No complacen el apetito, sino que se someten a constantes restricciones, y se abstienen de los alimentos que los debilitarían o disminuirían la plena capacidad de cualquiera de sus órganos. Sin embargo ellos pelean “como quien hiere el aire”, mientras los cristianos están en una prueba real. Los competidores de los juegos buscan meramente laureles que perecen. Los cristianos tienen delante de ellos una gloriosa corona de inmortalidad, e incorruptible. Y en esta carrera celestial hay lugar para que todos ganen el premio. Nadie fracasará si corre bien, si obra en conformidad con la luz que brilla sobre él, ejerciendo sus capacidades que, según el mejor conocimiento que tiene, ha mantenido en condiciones saludables …

Cualquier hábito o práctica que debilite los nervios o las facultades del cerebro o la fuerza física, descalifica para el ejercicio de la gracia que viene después de la temperancia: la paciencia. …

Un hombre que es intemperante, que usa estimulantes—cerveza, vino, bebidas fuertes, té y café, opio, tabaco o cualquiera de esas sustancias que son perniciosas para la salud—no puede ser un hombre paciente. De manera que la temperancia es un peldaño de la escalera, sobre el cual deberemos afirmar nuestros pies antes de añadir la gracia de la paciencia. En el alimento, en el vestido, en el trabajo, en las horas de descanso, en el ejercicio sano, debemos ser regulados por el conocimiento que es nuestro deber obtener, para que podamos, a través del esfuerzo ferviente, colocarnos en la debida relación con la vida y la salud.—Manuscrito 13, 1884, pp. 4-6.

DEVOCIONAL: NUESTRA ELEVADA VOCACIÓN

Elena G. de White

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Devocional

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