4 de julio | Devocional: Exaltad a Jesús | Un cayado pastoril como cetro

Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David. 1 Samuel 16:13.

Cuando los hijos de Isaí pasaron delante de Samuel, el profeta habría elegido a Eliab, un joven de elevada estatura y digna apariencia, pero el ángel de Dios se mantuvo a su lado para guiarlo en la importante decisión y le indicó que no se dejara llevar por las apariencias. Eliab no tenía temor del Señor. Su corazón no era recto delante de Dios. Habría llegado a ser un monarca orgulloso y exigente. Ninguno de los hijos de Isaí era apto para reinar, excepto David, el menor, que tenía la humilde ocupación de cuidar el rebaño. Había cumplido con su modesta responsabilidad pastoril con tanta fidelidad y valor que Dios lo eligió para que fuera el capitán de su pueblo. Con el correr del tiempo tendría que cambiar su cayado por un cetro.—Spiritual Gifts, 4:77-78.

Dios eligió a David, un pastor humilde, para que reinara sobre su pueblo. Era estricto en la observancia de todas las ceremonias relacionadas con la religión judía y se distinguía por su intrepidez y su inalterable confianza en Dios. Era notable por su fidelidad y reverencia. Su firmeza, humildad, amor a la justicia, y carácter decidido, lo hacían idóneo para llevar a cabo los elevados propósitos de Dios, para instruir a Israel en sus devociones, y para gobernarlos como monarca generoso y sabio.

Su vida religiosa era sincera y ferviente. Fue en esa situación, cuando David era fiel a Dios y poseía estos rasgos de carácter tan elevados, que el Señor lo llamó un hombre según su propio corazón.—Ibid. 85-86.

El gran honor conferido a David, no le ensoberbeció. A pesar del elevado cargo que había de desempeñar, siguió tranquilamente en su ocupación, contento de esperar el desarrollo de los planes del Señor a su tiempo y manera. Tan humilde y modesto como antes de su ungimiento, el pastorcillo regresó a las colinas, para vigilar y cuidar sus rebaños tan cariñosamente como antes…

David, en la belleza y el vigor de su juventud, se preparaba para ocupar una elevada posición entre los más nobles de la tierra. Empleaba sus talentos, como dones preciosos de Dios, para alabar la gloria del divino Dador. Las oportunidades que tenía de entregarse a la contemplación y la meditación sirvieron para enriquecerle con aquella sabiduría y piedad que hicieron de él el amado de Dios y de los ángeles… El amor que le inspiraba, los dolores que le oprimían, los triunfos que le acompañaban, eran temas para su pensamiento activo; y cuando contemplaba el amor de Dios en todas las providencias de su vida, el corazón le latía con adoración y gratitud más fervientes, su voz resonaba en una melodía más rica y más dulce; su arpa era arrebatada con un gozo más exaltado; y el pastorcillo proseguía de fuerza en fuerza, de sabiduría en sabiduría; pues el Espíritu del Señor le acompañaba.—Historia de los Patriarcas y Profetas, 693-695.

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DEVOCIONAL

EXALTAD A JESÚS

Elena G. de White

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