4 de febrero | Devocional: Exaltad a Jesús | El creador hizo planes para que fuéramos felices, exaltad a Jesús como el creador

Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado. Génesis 2:8.

A pesar de todo lo que se ha dicho y escrito acerca de la dignidad del trabajo manual, prevalece el sentir de que es degradante. La opinión popular ha trastornado en muchas mentes el orden de las cosas, y los hombres han llegado a pensar que no es propio que el hombre que trabaje con sus manos ocupe un lugar entre caballeros. Los hombres trabajan arduamente para obtener dinero; y habiendo alcanzado riquezas, suponen que éstas harán caballeros a sus hijos. Pero muchos de los tales no preparan a sus hijos para un trabajo duro y útil como ellos fueron preparados. Sus hijos gastan el dinero ganado por el trabajo ajeno, sin comprender su valor. Así emplean mal un talento al que Dios quiso ver realizar mucho bien.

Los propósitos del Señor no son los propósitos de los hombres. Dios no quería que éstos viviesen en la ociosidad. En el principio creó al hombre como caballero; pero aunque rico en todo lo que podía proveerle el Propietario del universo, Adán no había de quedar ocioso. Apenas fue creado, le fue dado su trabajo. Había de hallar empleo y felicidad en cultivar las cosas que Dios había creado; y en respuesta a su trabajo, sus necesidades iban a ser abundantemente suplidas con los frutos del jardín del Edén.

Mientras nuestros primeros padres obedecieron a Dios, su trabajo en el huerto fue un placer; y la tierra les daba de su abundancia para sus necesidades. Pero, cuando el hombre se apartó de la obediencia, quedó condenado a luchar con la semilla sembrada por Satanás, y a ganar su pan con el sudor de su frente. Desde entonces debía batallar con sus afanes y penurias contra el poder al cual había cedido su voluntad.

Era el propósito de Dios aliviar por el trabajo el mal introducido en el mundo por la desobediencia del hombre. El trabajo podía hacer ineficaces las tentaciones de Satanás y detener la marea del mal. Y aunque acompañado de ansiedad, cansancio y dolor, el trabajo es todavía una fuente de felicidad y desarrollo, y una salvaguardia contra la tentación. Su disciplina pone en jaque la complacencia propia, y fomenta la laboriosidad, pureza y firmeza. Llega a ser así parte del plan de Dios para restaurarnos de la caída.—Consejos para los Maestros Padres y Alumnos acerca de la Educación Cristiana, 261-262.

El Creador del hombre ordenó la maquinaria viviente de nuestros cuerpos. Cada una de sus funciones fue hecha sabia y admirablemente. Y el Señor se ha comprometido a mantener esta maquinaria humana en funcionamiento saludable si el agente humano obedece sus leyes y colabora con Dios. Cada norma que gobierna la maquinaria humana debe considerarse tan verdaderamente divina en origen, carácter e importancia, como la Palabra de Dios. Cada acción negligente, distraída, cualquier abuso impuesto a este maravilloso mecanismo del Señor al pasar por alto sus leyes específicas relativas a la habitación humana, es una violación de la ley divina. Podemos contemplar la obra de Dios y admirarla en el mundo natural, pero el cuerpo humano es la más maravillosa de todas.—Medical Ministry, 221.

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DEVOCIONAL

EXALTAD A JESÚS

Elena G. de White

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