4 de enero | Devocional: Alza tus ojos | En busca de la verdad

«Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: “Conoce el Señor a los que son suyos”y “Apártese de maldad todo aquel que invoca el nombre de Cristo”». 2 Timoteo 2: 19

OREMOS POR EL derramamiento del Espíritu Santo con la convicción de que es para cada uno de nosotros. Hemos de escudriñar nuestro corazón y estar abiertos a la recepción del Espíritu Santo. No hemos de sentirnos satisfechos con nuestra situación. Cavemos con mayor ahínco y profundidad en la mina de la verdad. El Salvador está dispuesto a educar a todos aquellos que estén deseosos de aprender de él. […]

Es el privilegio de cada creyente llegar a poseer la naturaleza de Cristo, una naturaleza muy por encima de la que Adán perdió por su transgresión. El que contempla al Hijo por la fe y cree en él, es obediente a los mandamientos de Dios y en esa obediencia encuentra la vida eterna. […] No podemos tener una experiencia religiosa firme a menos que cavemos profundamente y edifiquemos sobre la roca. […]

Satanás obrará por medio de quienes se dejen moldear, cegando su percepción, paralizando los sentidos con la comodidad egoísta y el amor al mundo. Así que, a menos que reciban un mensaje especial directamente del cielo, no serán capaces de percatarse del peligro que corren.

La naturaleza humana es voluble. Los seres humanos captan la verdad con su capacidad de percepción, pero rehúsan apartarse del mundo. No consienten en ser el pueblo especial de Dios. Conocen la verdad de la Biblia pero no desean obedecerla y se apartan de ella. Se aferran a su incredulidad y las tinieblas se apoderan de sus mentes. Al haber escogido ellos sus propios caminos se dejan llevar por sus deseos e inclinaciones. La verdad es deshonrada, Cristo es ignorado y la suerte de ellos será la perdición, a menos que recapaciten y se arrepientan.

Mientras estas influencias opositoras actúan para alejar de la verdad, para enajenarnos de la fe y del cielo, y conducimos por la senda ancha de la gratificación, los instrumentos de Dios luchan por rescatar a las almas que están a punto de perecer. Después de aferramos al Señor por medio de la oración, ciñámonos la armadura y trabajemos con fervor por la conversión de las almas. Que todos vean que la verdad no es para nosotros una quimera sino una realidad eterna. Tenemos que actuar como nunca antes. Hemos de esparcir la semilla de la verdad a manos llenas. Hemos de sembrar junto a todas las aguas. No hemos de ponemos límites que nos coarten, sino ponemos en marcha con todo el poder que el Señor nos ha concedido. Entonces todo el mundo nos conocerá como un pueblo que cree en la verdad como algo completamente real. Nuestra fe no ha de desfallecer. Hemos de tomar la firme decisión de liberamos de la pereza y el inmovi- lismo. […] ‘¡Firmes y adelante! Intentémoslo por todos los medios. Hemos de esforzamos al máximo velando y orando, y siguiendo humildemente los caminos del Señor.— Carta 6, 4 de enero de 1900, dirigida a un profesor de Biblia y su esposa.

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DEVOCIONAL

ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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