31 de octubre | Devocional: Alza tus ojos | Dios no cambia

Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar. Génesis 3:15.

Qué difícil resulta para el hombre caminar humildemente con Dios, creer su Palabra y aceptar sus planes. Las proposiciones de Satanás parecen ofrecer grandes ventajas, pero terminan en la perdición. Vez tras vez los hombres han descubierto por experiencia propia el resultado de rehusarse a caminar por la senda de la obediencia. ¿No obtendrán otros sabiduría de su experiencia? Pensemos en lo que sucedió con nuestros primeros padres y temamos cualquier plan que no esté basado en la obediencia a la voluntad de Dios.

¿Cuándo aprenderán los hombres que Dios es Dios, no un hombre, y que no cambia? Cada desgracia, cada muerte, es un testimonio del poder del mal y de la verdad del Dios viviente. La Palabra de Dios es vida y permanecerá para siempre. Por toda la eternidad, perdurará inmutable. ¿Cómo puede el hombre, sabiendo quién es Dios y qué ha hecho, elegir la senda de Satanás en lugar de la senda de Dios? Hay sólo un camino hacia el paraíso restaurado: El camino de la obediencia.

El mensaje dado al hombre para ser proclamado en estos últimos días no se amalgamará con opiniones mundanas. En estos días peligrosos nada sino la obediencia guardará al hombre de la apostasía. Dios ha derramado sobre los hombres gran luz y muchas bendiciones. Pero a menos que esta luz y estas bendiciones sean aceptadas, no constituirán ninguna salvaguardia contra la apostasía y la desobediencia. Cuando los que han sido elevados por Dios a posiciones de gran responsabilidad se vuelven de El hacia la sabiduría humana, su luz se convierte en tinieblas y ¡qué densas son esas tinieblas! Los talentos que se les han confiado son una trampa para ellos. Se han transformado en una ofensa para Dios. El no puede ser burlado sin que sobrevengan las consecuencias.

Siempre hubo y habrá, hasta que finalice el conflicto, un alejamiento del Señor. Los pecados tienen una estrecha relación entre sí. Un acto de desobediencia, a menos que quien lo ejecute se arrepienta de él, conducirá a otro. El que se justifica a sí mismo en el pecado es llevado paso a paso en el engaño hasta que al fin peca impunemente.

A menudo los profesos seguidores de Cristo tienen corazones endurecidos y ojos cegados porque no obedecen a la verdad. Motivos y propósitos egoístas se posesionan de su mente. En su confianza propia suponen que su camino es el camino de la sabiduría. No son escrupulosos al seguir la senda que Dios ha señalado. Manifiestan que las circunstancias alteran los casos, y cuando Satanás los tienta a seguir principios mundanos, ceden y recorriendo caminos sinuosos con sus pies, descarrían a otros. Los inexpertos los siguen por dondequiera que van, suponiendo que el criterio de cristianos tan experimentados debe de ser sabio.—Manuscrito 135, del 31 de octubre de 1902, “Instrucción a la Iglesia”.*

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DEVOCIONAL: ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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