31 de marzo | Devocional: Hijos e Hijas de Dios | Hay que cambiar para mejorar

«Reposada ha estado Moab desde su juventud, ha estado tranquila sobre su sedimento; no ha sido vaciada de vasija en vasija, ni ha ido al destierro; por eso retiene su sabor, y su aroma no ha cambiado». Jeremías 48: 11, NBLH

LOS SERES HUMANOS pueden negarse a escuchar los consejos y las amonestaciones de Dios, y tomar en sus propias manos la dirección de su conducta. […] Como Moab, se niegan a cambiar. […] Se resisten a corregir los rasgos defectuosos de su carácter, aun cuando el Señor les ha señalado claramente su deber, sus privilegios, sus oportunidades y el progreso que pueden lograr. Les resulta muy difícil romper con sus antiguas costumbres y transformar sus ideas y métodos. «Su aroma no ha cambiado» (Jer. 48: 11, BA). Se aferran a sus defectos.— Carta 10, 1897.
Hay muchos que no están satisfechos con la labor que el Señor les ha encomendado. No están conformes con servirle alegremente en el puesto que les ha designado, y realizar sin murmuraciones la tarea que ha puesto en sus manos. Es comprensible que no estemos conformes con la forma en que cumplimos nuestros deberes, pero no debiéramos estar insatisfechos con el deber mismo. […]
En su providencia Dios pone ante los seres humanos un servicio que es como una medicina para sus mentes enfermas. […] El Señor pone a algunos donde la comodidad y el exceso de complacencia propia no sean una trampa para ellos, donde aprendan a apreciar el valor del tiempo, y hagan el mejor y el más sabio uso de él.
Hay quienes quieren dirigir, pero lo que necesitan es sumisión y santificación. […] Están capacitados para ocupar puestos en los cuales sus cualidades, si son disciplinadas, los harán sumamente útiles. Dios prepara a algunos permitiendo que aparentemente fracasen y se desilusionen. Su propósito consiste en que aprendamos a superar las dificultades. […]
Muchos ignoran cómo trabajar para el Señor, no porque sean realmente ignorantes, sino porque no están dispuestos a someterse al proceso divino de preparación. Moab es un ejemplo de fracaso, porque según la Palabra de Dios «Moab ha vivido tranquila desde joven» (Jer. 48: 11, LPH). […] El cristiano tiene que estar siempre presto a la ejecución de una labor que revele bondad, dominio propio, solidaridad, tolerancia, paciencia.— Manuscrito 79, 1903.

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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