31 de enero | Devocional: Alza tus ojos |  Herencia inmortal

«¿Porque ¿qué provecho hay en que una persona gane el mundo entero y que pierda su alma? Pues ¿qué puede dar el hombre a cambio de su alma?». Marcos 8: 36-37, RV77

ES EL PROPÓSITO DE LA REDENCIÓN no solo borrar el pecado, sino devolver a los seres humanos los dones espirituales perdidos por causa del poder del pecado. El dinero no puede ser llevado a la vida futura. Allí no sirve de nada. En cambio los actos de bondad hechos para ganar almas para Cristo, la fiel inversión de los tesoros confiados por Dios, eso ha de ser llevado a las mansiones celestiales. Aquellos que gastan egoísta- mente los diezmos de Dios en sí mismos, dejando sin ayuda a sus prójimos necesitados, los que no hacen avanzar la obra de Dios en nuestro mundo, deshonran a su Hacedor. «Robó a Dios» se escribe junto a sus nombres.

La pobreza no es pecado, a menos que por descuido alguien haya acarreado pobreza sobre sí mismo. Y aun así, si esa persona se arrepiente, será perdonada. […] Quienes tienen fe en Cristo como Salvador personal, aun cuando ocupen un lugar humilde en el mundo, son «herederos de Dios y coherederos con Cristo» (Rom. 8:17) de una herencia inmortal. Tienen una póliza de seguro de vida eterna.

Después de enumerar los privilegios que corresponden a los que obran de acuerdo con el plan de la adición, añadiendo constantemente virtudes cristianas al carácter, el apóstol Pedro declara que Dios obrará de acuerdo con el plan de la multiplicación: «Que Iii gracia y la paz les sea multiplicada por medio del conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús. Todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia. Por medio de ellas nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas ustedes lleguen a ser partícipes de la naturaleza divina, puesto que han huido de la corrupción que hay en el mundo por causa de los malos deseos. […] Por eso, hermanos, procuren fortalecer su llamado y elección. Si hacen esto, jamás caerán. De esta manera se les abrirán de par en par las puertas del reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo» (2 Ped. 1: 2-11, RVC). Aquí está nuestra póliza de seguro de vida. ¿No acularemos de acuerdo con el plan de Dios para obtenerla?

Cada ser humano siempre es de gran valor para Dios. El Creador del mundo con inmensa bondad se acerca de continuo a los que en cualquier lugar reciben a Jesús como su Salvador personal. […]

Tocio lo que suele ser considerado de gran valor por los seres humanos es aborrecible a la vista de Dios. Cristo pregunta: «Pues ¿de qué le sirve a uno ganar el mundo entero si pierde su propia vida? ¿O qué podrá dar una persona a cambio de su vida?» (Mar. H: 16-17, LPH).—Manuscrito 6, 31 de enero de 1899, «El pobre hombre rico».

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DEVOCIONAL

ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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