31 de diciembre | Devocional: Alza tus ojos | Mayordomos de la gracia de Dios

Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia. Mateo 10:8.

Los que transitan por el sendero angosto deben obedecer la orientación del Libro guía. Solamente así podrán llegar a las puertas de la ciudad de Dios…

Dios ha dado a hombres y mujeres dones preciosos. A diferentes personas ha dado dones diferentes. No todos tienen la misma fortaleza de carácter o la misma profundidad de conocimiento, pero cada uno debe usar sus dones en el servicio del Maestro, no importa cuán pequeño pueda parecer este don. El fiel mayordomo negocia sabiamente con los bienes que le han sido confiados.

Las facultades de la mente y el cuerpo deben ser cuidadosamente guardadas. Nuestros dones no deben ser debilitados por la autoindulgencia. Cada facultad debe ser preservada, a fin de que siempre pueda estar lista para su uso inmediato. Ninguna parte del organismo físico debe ser debilitada por el abuso. Cada parte, no importa cuán pequeña sea, influye en el todo. El abuso de un nervio o músculo disminuye la utilidad de todo el cuerpo. Aquellos por quienes Cristo dio su vida debieran conformar sus hábitos y prácticas a la voluntad de Dios.

La Palabra declara: “El alma que pecare, esa morirá”. Ezequiel 18:20. Pero Dios no quiere la muerte de nadie. A un costo infinito proporcionó al hombre una segunda oportunidad. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Juan 3:16.

¿No debieran quienes recibieron la luz de la verdad para este tiempo colocarse en estrecha conexión con Dios, usando sus capacidades para hacer avanzar la obra de salvar almas? ¿No debiera quien comprende las Escrituras, impartir el conocimiento que le fue dado, a los que no conocen la verdad?

Sobre cada creyente en la verdad presente descansa la responsabilidad de trabajar por los pecadores. Dios les señala su obra especial: proclamar el mensaje del tercer ángel. Deben mostrar su aprecio por el gran Don de Dios, consagrándose a la obra por la cual Cristo dio su vida. Deben ser mayordomos de la gracia de Dios, ministrando a otros las bendiciones que les fueron otorgadas.

Quién ha encontrado consuelo en la Palabra de Dios debe compartirlo con otros. Solamente así podrá continuar recibiendo consuelo.—Manuscrito 147, del 31 de diciembre de 1903, “El sendero angosto”.

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DEVOCIONAL: ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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