31 de diciembre 2020 | Devoción Matutina para Jóvenes | Madre Teresa

Queridos amigos, sigamos amándonos unos a otros, porque el amor viene de Dios. Todo el que ama es un hijo de Dios y conoce a Dios. 1 Juan 4:7.

Agnes Bojaxhiu, de Skopje, Yugoslavia, tenía solo doce años de edad, pero ya amaba a Dios de todo corazón. Además, se había propuesto compartir ese amor con los demás. Esa decisión la condujo al campo misionero de Calcuta, India, donde la conocieron como Madre Teresa.

Un día, mientras viajaba en tren, Dios le habló:

-Teresa, quiero que abandones el convento y vivas en los barrios bajos con los más pobres de entre los pobres. Debes mostrarles mi amor a los enfermos, los moribundos, los huérfanos y los leprosos.

Siendo obediente a su llamado, Teresa comenzó a caminar por las inmundas calles, buscando personas a quienes amar.

En primer lugar, encontró niños necesitados de educación. Los reunió en una choza de barro. No tenía muebles, libros, pizarrón, papel ni lápices, pero comenzó a enseñarles de alguna manera. Escribía las lecciones en el piso de tierra de la choza.

Luego, Mamá Teresa encontró gente moribunda, que necesitaba mucho amor. Los encontró tirados en las calles, donde las cucarachas y los ratones paseaban sobre ellos. Los alimentó, los curó, les dio ropas, e hizo que se sintieran amados nuevamente.

Después de ello, decidió establecer un hogar para niños desamparados. Salía por la ciudad recogiendo a bebecitos que habían sido abandonados en los montones de basura. Los curó, los alimentó, y les encontró padres cariñosos que los adoptaran.

Su siguiente proyecto fue construir un hogar para leprosos, los peores parias de la sociedad hindú. Luego se dio a la tarea de velar por los retrasados mentales, que todo el mundo despreciaba.

En 1979, Mamá Teresa ganó el Premio Nobel de la Paz. Sus palabras al recibirlo fueron:

«Recibo este premio en nombre de los que padecen hambre, los que no tienen hogar, de los lisiados y de todos aquellos que son despreciados y que sienten que no son amados: los parias de la sociedad”.

«No soy más que un pequeño lápiz en la mano de Dios -dijo cierta vez-. Dios está escribiendo su carta de amor al mundo de esta manera, por medio de las obras piadosas”.

¿No quisieras ser un «pequeño lápiz” en las manos de Dios el día de hoy, para decirle al mundo que Dios lo ama?

DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2020



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