31 de agosto | Exaltad a Jesús | Elena G. de White | Un salvador crucificado y resucitado

Tomaré yo del cogollo de aquel alto cedro, y lo plantaré; del principal de sus renuevos cortaré un tallo, y lo plantaré sobre el monte alto y sublime. En el monte alto… lo plantaré, y alzará ramas y dará fruto, y se hará magnífico cedro. Ezequiel 17:22-23.

Cristo sufrió el castigo en favor de la raza humana con el fin de que el universo celestial pudiera discernir las condiciones del pacto de la redención. El trono de Justicia debe asegurarse eternamente y para siempre… Todas las dudas quedarían contestadas para siempre mediante el sacrificio que Cristo estaba por realizar, y la raza humana sería salva si retornaba a su lealtad. Únicamente Cristo podía restaurar el honor del gobierno de Dios. La cruz del Calvario sería contemplada por los mundos no caídos, el universo celestial, las agencias satánicas y la raza caída, y toda boca sería silenciada. Al realizar su sacrificio infinito Cristo exaltaría la ley y la honraría. Daría a conocer el carácter exaltado del gobierno de Dios, que nunca podría ser alterado en lo más mínimo para acomodarse al hombre en su condición pecaminosa.
¿Quién es capaz de describir las últimas escenas de la vida de Cristo en la tierra, su juicio ante el tribunal, y su crucifixión? ¿Quién fue testigo de estas escenas? Nada menos que el universo celestial, Dios el Padre, Satanás y sus ángeles. Sucedieron cosas extraordinarias durante la traición de Cristo. Durante la parodia de su juicio, sus acusadores no encontraron nada por lo cual se lo pudiera considerar culpable. Tres veces Pilato declaró: “ningún delito hallo en él”. Sin embargo ordenó que lo azotaran, y luego lo entregó para que sufriera la muerte más cruel que se podía haber inventado…
Las terribles escenas de la crucifixión revelaron lo que los seres humanos pueden hacer cuando se entregan al control de Satanás. Revelaron lo que sucedería si a Satanás se le permitiera controlar el mundo. A los que presenciaron estas escenas nunca se les borró de la mente la impresión que dejaron sobre ella. Muchos se convirtieron y les contaron a otros las terribles escenas que habían contemplado. Se convirtieron muchos de los que escucharon el informe acerca de la muerte de Cristo, y comenzaron a escudriñar las Escrituras. De este modo se cumplieron las palabras: “Así rodeará él a muchas naciones”.
“Así ha dicho Jehová el Señor: Tomaré yo del cogollo de aquel alto cedro y lo plantaré; del principal de sus renuevos cortaré un tallo, y lo plantaré sobre el monte alto y sublime. En el monte alto de Israel lo plantaré, y alzará ramas, y dará fruto, y será magnífico cedro; y habitarán debajo de él todas las aves de toda especie; a la sombra de sus ramas habitarán”.
Cristo era esta Rama, el cogollo más elevado del cedro más alto. El era el árbol plantado por el Señor.—The Signs of the Times, 12 de julio de 1899.

DEVOCIONAL EXALTAD A JESÚS
Elena G. de White

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