31 de agosto | Devocional: La maravillosa gracia de Dios |  Ansias del hogar celestial

Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios de Jehová; mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo. Salmos 84:2.

¡Ah, si fueran apreciados los grandes intereses del mundo venidero! ¿Por qué se preocupan tan poco los hombres de la salvación del alma cuando ésta fue rescatada a semejante costo por el Hijo de Dios?

El corazón del hombre puede ser la morada del Espíritu Santo. La paz de Cristo que sobrepuja todo entendimiento puede descansar sobre vuestra alma, y el poder transformador de su gracia puede obrar en vuestra vida, preparándoos para las cortes de gloria. Pero si el cerebro, el nervio y el músculo son empleados para servir al yo, no estáis haciendo de Dios y el cielo la primera consideración de vuestra vida…

Si vuestro ojo está fijo en el blanco, si está dirigido hacia el cielo, la luz celestial llenará vuestra alma, y las cosas terrenales parecerán insignificantes e insípidas. Los propósitos del corazón cambiarán y las admoniciones de Jesús serán atendidas… Vuestros pensamientos se dirigirán a la gran recompensa de la eternidad. Todos vuestros planes se harán con respecto a la vida futura e inmortal… La religión bíblica se entretejerá en toda vuestra vida diaria.—The Review and Herald, 24 de enero de 1888.

Algunos que profesan tener la verdadera religión descuidan lamentablemente el Libro guía dado por Dios para señalarles el camino al cielo. Puede ser que lean la Biblia, pero la mera lectura de la Palabra de Dios como si se leyeran palabras trazadas por la pluma humana, proporcionará sólo un conocimiento superficial…

Si no recibimos la religión de Cristo alimentándonos de la Palabra de Dios, no tendremos derecho de entrar en la ciudad de Dios. Habiéndonos mantenido con alimento terrenal, habiendo educado nuestros gustos para que amen las cosas mundanas, no estaríamos en condiciones de participar de las cortes celestiales; no podríamos apreciar las puras y celestiales corrientes que circulan en el cielo. La voz de los ángeles y la música de sus arpas no nos satisfarían. La ciencia del cielo sería como un enigma para nuestras  mentes.—The Review and Herald, 4 de mayo de 1897.

DEVOCIONAL: LA MARAVILLOSA GRACIA DE DIOS

Elena G. de White

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