31 de agosto | Devocional: Alza tus ojos | Cristo mantiene elevada la norma

Como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste. Juan 17:2.

Dios quiere que cada hombre estime a Cristo, que es el Autor y Consumador de nuestra fe. Como cristianos debemos ejercitar en palabras y en acciones los nobles rasgos de carácter que moran en Jesucristo, como el más excelso don que pueda otorgarse al alma humana. ¿Se apartará de la iniquidad todo el que mencione el nombre de Cristo? El término empleado aquí no siempre significa las formas groseras de pecado. Significa cada acción que no nos gustaría encontrar en el cielo. De esas acciones hemos de alejamos. No debemos practicarlas en esta vida, ni en la familia ni en la iglesia. Todos los que entren en el cielo donde está Jesús tendrán en esta vida las características que constituyen un cielo aquí abajo. Benditos y benéficos son los rayos de luz del Sol de Justicia que están ahora derramándose—luminosos y curativos—sobre todo el que abre las ventanas del alma hacia el Cielo.

Hay muchos que, aunque profesan ser cristianos, estropearían el cielo si fueran trasladados con el espíritu y el carácter que ahora poseen. Sus vidas están llenas de mundanalidad; sus temperamentos no están santificados; albergan prejuicios que nunca deberían existir; son totalmente humanos. Una atmósfera tan diferente del carácter de Cristo ha rodeado al alma, que no podrían disfrutar el cambio de la tierra al cielo.

Este mundo es nuestra escuela, donde hemos de ser probados y examinados para ver si nos convertimos en mayordomos de la gracia de Jesús. El poder de ésta ha de obrar en los hijos de desobediencia hasta que Cristo mismo, la esperanza de gloria, se forme dentro. Antes que podamos ver el cielo deberemos revelar que estamos convertidos, que hemos nacido de nuevo. ¿Comenzaremos ahora a esforzamos como humildes aprendices de Jesucristo? ¡Oh, cuán infinitos son su amor y gracia! ¡Cuán superior a todo precio es el amor que El mostró por el hombre caído! Cristo, porque nos ama, mantiene elevada la norma, y tomará nuestras inclinaciones y las hará semejantes a las suyas…

Por medio de la fe todos pueden recibir mucho si abren hacia lo alto las ventanas del alma para dejar que el Sol de Justicia brille en ella, y cierran sus ventanas a la tierra, a las nieblas y miasmas de la atmósfera terrenal… Hemos de aceptar los métodos y las obras de Dios, no importa por medio de quién los envíe. Hemos de seguir humildemente en la senda del Señor.

La manera de testificar al mundo que somos seguidores de Cristo es manifestar amor desinteresado los unos por los otros, no procurando la supremacía…

Oh, que el Señor impresione a su pueblo de tal manera que pueda contemplar su gloria y exclamar: ¡He visto al Rey, al Señor de los Ejércitos!—Manuscrito 31, 1903,“Acerca de la firma de contratos”.

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DEVOCIONAL: ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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