30 de septiembre | La fe por la cual vivo | Elena G. de White | Bienvenida al hogar celestial

Abrid las puertas, y entrará la gente justa, guardadora de verdades. Isaías 26:2.

“La vida en la tierra es el comienzo de la vida en el cielo.”—La Educación, 297.
“Somos hijos del rey celestial, miembros de la familia real, herederos de Dios y coherederos con Cristo. Las mansiones que Jesús ha ido a preparar recibirán únicamente a los que son veraces y puros, a los que aman y obedecen su Palabra…. Si hemos de disfrutar de la eterna bienaventuranza, debemos cultivar la religión en el hogar…. Deben cultivarse persistentemente cada día la paz, la armonía, el afecto y la felicidad hasta que estas preciosas virtudes se arraiguen en los corazones de los miembros de la familia.”—The Signs of the Times, 14 de noviembre de 1892.
“Allí hallarán aplicación más dulce y verdadera el amor y las simpatías que Dios ha implantado en el alma. La comunión pura con seres celestiales, la armoniosa vida social con los ángeles bienaventurados y los fieles de todas las épocas, el sagrado compañerismo que une ‘toda la familia en los cielos y en la tierra,’ se cuentan entre los incidentes del más allá.”—La Educación, 296.
“Es el privilegio de los padres llevar a sus hijos con ellos a las puertas de la ciudad de Dios y decir: ‘He tratado de enseñar a mis hijos a amar al Señor, hacer su voluntad y glorificarlo.’ Delante de los tales la puerta se abrirá y padres e hijos entrarán.”—Child Guidance, 13.
“Si manifestamos aquí el carácter de Cristo, guardando todos los mandamientos de Dios, seremos alegrados y bendecidos con destellos del placentero hogar que tendremos en las mansiones que Jesús ha ido a preparar.”—The Signs of the Times, 14 de noviembre de 1892.

DEVOCIONAL LA FE POR LA CUAL VIVO
Elena G. de White

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