30 de julio 2020 | Devoción Matutina para Adultos 2020 | Entrenado para vencer

BUENA MEDICINA ES EL CORAZÓN ALEGRE

Lecturas devocionales para Adultos 2020

 

“Por esto mismo, poned toda diligencia en añadir a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor” (2 Pedro 1:5-7).

Michael Phelps nació el 30 de junio de 1985 en la ciudad de Baltimore (EE.UU.) y ha sido considerado el mejor nadador de la historia y el deportista olímpico más condecorado de todos los tiempos. Obtuvo setenta y un medallas en grandes competiciones mundiales (cincuenta y siete oros, once platas y tres bronces), incluyendo los Juegos Olímpicos de Pekín (Beijing) 2008 y Londres 2012, además de distintos campeonatos nacionales e internacionales. ¿Cómo pudo lograr tantos triunfos que le valieron varias medallas y un sinnúmero de reconocimientos? Es curioso pensar que, cuando Michael era niño, le tenía miedo al agua. Aun así, comenzó a nadar con el apoyo de sus hermanas mayores; y muchas veces lo hacía con el propósito de evadir las discusiones entre sus padres. Sin embargo, en su adolescencia, el entrenamiento pasó a ser más exigente y continuo, ocupando unas cinco horas diarias y nadando unos 80 km por semana. Guiado por un gran entrenador al que quiso como un padre, se dice que solo faltó a cinco días de entrenamiento en seis años, haciéndose conocido tanto por su seriedad como por su disciplina.

En lo que se refiere a nuestra salud, el desarrollo de las facultades físicas, mentales y espirituales depende, igualmente, del ejercicio y la práctica. Cada una de las facultades que poseemos se perfecciona en la medida que es practicada. “Poned toda diligencia —dice el apóstol Pedro— en añadir virtud sobre virtud y gracia sobre gracia”. En otras palabras, ¡esfuérzate! ¡Pon todo tu empeño! Ejercita la piedad (l Tim. 4:7), practica la justicia (Prov. 21:15), la hospitalidad (Rom. 12:13) y toda buena obra (1 Tim. 5:10). Sin un esfuerzo constante, sin la fuerza de voluntad, no es posible avanzar. Es posible que haya obstáculos que superar, pero estos, en vez de debilitarnos, pueden colaborar para hacer más firme nuestra decisión de avanzar.

Como un gran entrenador, y como un Padre amante, Jesús camina a nuestro lado mostrándonos con su propio ejemplo, el modo de triunfar. Hay un valioso premio que alcanzar: un carácter enérgico, sólido y fuerte como el de Cristo, lleno de amor y compasión por la humanidad; y al final del camino, “la corona de vida que Dios ha prometido a los que le aman” (Sant. 1:12).

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2020



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