30 de enero del 2026 | Devoción Matutina para Jóvenes 2026 | Come el libro

«Cuando se hallaron tus palabras, yo los devoré, y tu palabra fue el gozo y la alegría de mi corazón». Jeremías 15: 16

Ver a los libros como «comida», como dijo Rubem Alves, es una metáfora tan antigua como la propia Biblia. El profeta Ezequiel relata la petición de Dios para él: «»Hijo de hombre, cómete el rollo que te estoy dando hasta que te sacies». Me lo comí y era tan dulce como la miel» (Eze. 3: 3, NVI). Una sugerencia similar recibió el profeta Juan en Apocalipsis 10, siglos después.
Así como una comida tiene olor, sabor y belleza, un buen libro satisface los sentidos y nutre el alma. Para que esto ocurra, es necesario una correcta «masticación» del contenido, es decir, meditar en lo que se lee.
Este consejo es especialmente válido para el estudio de la Biblia, el libro que transforma corazones.
Es interesante notar que la palabra hebrea hagah, que se traduce varias veces en el Antiguo Testamento como «meditar», aparece en Isaías 31: 4 en el contexto de un león que «ruge» sobre su presa. Como sabemos, un león no traga inmediatamente su comida, sino que pasa un buen tiempo agachado sobre ella, en una deliciosa «meditación». Utiliza dientes, lengua, estómago e intestinos para digerir la carne. Así debe ser la lectura de la Biblia. Necesitamos «masticarla».
Esta analogía me hace recordar la historia de Guilherme McPherson, un joven que fue víctima de una explosión en una cantera en África. Los médicos lograron salvarle la vida, pero quedó sin brazos y completamente ciego. La gran frustración del joven era no poder leer la Biblia por sí mismo.
Ahora tenía que depender de la disposición de los demás para escucharla.
En cierta ocasión, Guilherme escuchó la experiencia de una señora que, al no poder sostener más la Biblia con sus manos, la besó como una forma de despedirse de ella. La idea de tocar con los labios la Biblia, hizo que Guilherme pensara que él también podría volver a leer las Escrituras si usaba la punta de la lengua para aprender el sistema braille para ciegos. Luego de mucho esfuerzo, lo logró.
Su amor por Dios era tan intenso que, incluso con su lengua herida y sangrando, seguía meditando en aquellas Sagradas Letras. A sus 65 años, cuando su historia fue escrita, él ya había leído la Biblia cuatro veces.
La Biblia está a tu alcance. Saborea sus páginas. «Come» las Escrituras y quedarás realmente satisfecho.
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DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2026



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