30 de diciembre | La fe por la cual vivo | Elena G. de White | La recompensa de ganar almas

Y los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan a justicia la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad. Daniel 12:3.

“En nuestra vida terrenal, aunque restringida por el pecado, el mayor gozo y la más elevada educación se encuentran en el servicio. Y en el estado futuro, libre de las limitaciones de la humanidad pecaminosa, hallaremos nuestro mayor gozo y nuestra más elevada educación en el servicio.”—La Educación, 298.

“Cierto cristiano dijo una vez que cuando llegara al cielo esperaba encontrarse con tres motivos de asombro: se asombraría de hallar a algunos que no esperaba ver allá; se asombraría de no ver a algunos que esperaba encontrar; y finalmente, más que todo, se asombraría de encontrarse él mismo en el paraíso de Dios, un pecador tan indigno. Muchos que ocuparon lugares muy destacados como cristianos aquí en la tierra no se hallarán en la dichosa multitud que rodeará el trono. Los que han tenido conocimientos y talentos y no obstante se complacieron en controversias y contiendas profanas, no estarán entre los redimidos…. Quisieron hacer algo grande para ser admirados y halagados pero sus nombres no estuvieron escritos en el libro de la vida del Cordero…. Pero aquellos

cuyas vidas fueron embellecidos por pequeños actos de bondad, por tiernas palabras de afecto y simpatía, cuyos corazones rehuyeron la lucha y la contienda, que nunca realizaron algo grande con el propósito de ser alabados, éstos fueron hallados en el libro de la vida del Cordero. El mundo los consideró insignificantes pero Dios los aprobó ante el universo entero.”—The Signs of the Times, 24 de febrero de 1890.

DEVOCIONAL ADVENTISTA

LA FE POR LA CUAL VIVO

Elena G. de White

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