30 de diciembre | Devocional: Alza tus ojos | ¿Hojas de higuera o el manto de Cristo?

Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió. Génesis 3:21.

El Señor Jesucristo ha preparado una cobertura -el manto de su propia justicia – que pondrá sobre cada alma arrepentida que lo reciba por la fe. Dijo Juan: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. Juan 1:29. El pecado es la transgresión de la ley. Cristo murió para que todos pudieran deshacerse del pecado.

Un delantal de hojas de higuera nunca cubrirá nuestra desnudez. El pecado debe ser quitado y el ropaje de la justicia de Cristo debe cubrir al transgresor de la Ley de Dios. Entonces, al mirar el Señor al pecador creyente, ve, no las hojas de higuera que lo cubren sino el manto de justicia de Cristo, que es la perfecta obediencia a la ley de Jehová. El hombre ha cubierto su desnudez, no bajo una cobertura de hojas de higuera, sino bajo el manto de la justicia de Cristo.

Cristo hizo un sacrificio para satisfacer las demandas de la justicia. ¡Qué precio tuvo que pagar el Cielo para rescatar al transgresor de la ley de Jehová! Pero esa santa ley no podía mantenerse a un precio menor. En vez de que la ley fuera abolida para alcanzar al pecador, debía ser mantenida en toda su sagrada dignidad. En su Hijo, Dios se dio a sí mismo para salvar de la ruina eterna a todos los que crean en El.

El pecado es deslealtad a Dios, y merece castigo. Las hojas de higuera cosidas se usaron desde los días de Adán, y a pesar de ello la desnudez del alma del pecador no está cubierta. Todos los argumentos reunidos por los que se interesaron por este manto frívolo, vendrán a ser nada. El pecado es la transgresión de la ley. Cristo se manifestó en nuestro mundo para quitar la transgresión y el pecado, y sustituir la cobertura de hojas de higuera por el manto puro de su justicia. La Ley de Dios queda vindicada por el sufrimiento y la muerte del unigénito Hijo del Dios infinito.

Una sola transgresión de la ley de Dios, aun el detalle más pequeño, es pecado. Si no se ejecutaba la penalidad sobre ese pecado ello representaría un crimen en la administración divina. Dios es Juez, el Vengador de la justicia, lo que constituye el fundamento de su trono. El no puede eliminar su ley. No puede quitarle el más pequeño de sus detalles a fin de enfrentar y perdonar el pecado. La rectitud, la justicia y la excelencia moral de la ley deben ser mantenidas y vindicadas delante del universo celestial y de los mundos no caídos.—Manuscrito 145, del 30 de diciembre de 1897, “Notas de trabajo”.

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DEVOCIONAL: ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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