3 de septiembre | Ser Semejante a Jesús | Elena G. de White | Llevar luz y esperanza a todas partes

Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. Mateo 5:16.

La obra práctica tendrá mucho más efecto que el mero sermonear. Hemos de dar aliento al hambriento, vestir al desnudo y proteger al que no tiene hogar. Y se nos llama a hacer más que esto. Únicamente el amor de Cristo puede satisfacer las necesidades del alma. Si Cristo habita permanentemente en nosotros, nuestro corazón estará lleno de divina simpatía. Las fuentes selladas del amor fervoroso, semejante al de Cristo, serán abiertas. Dios nos pide para los necesitados no sólo nuestros dones, sino además un semblante alegre, palabras llenas de esperanza, un bondadoso apretón de manos. Cuando Cristo sanaba a los enfermos, colocaba sus manos sobre ellos. De la misma manera debemos nosotros colocarnos en íntimo contacto con aquellos a quienes tratamos de beneficiar.
Hay muchas personas que han perdido la esperanza. Devuélvanles la luz del sol. Muchos han perdido su valor. Háblenles alegres palabras de aliento. Oren por ellos. Hay personas que necesitan el pan de vida. Léanles la Palabra de Dios. Muchos están afectados por una enfermedad del alma que ningún bálsamo humano puede alcanzar y que ningún médico puede curar. Oren por esas almas. Llévenlas a Jesús. Díganles que hay bálsamo en Galaad y que también allí hay Médico.
La luz es una bendición… universal que derrama sus tesoros sobre un mundo ingrato, impío, corrompido. Tal ocurre con la luz del Sol de justicia. Toda la tierra, envuelta… en las tinieblas del pecado, el dolor y el sufrimiento, debe ser iluminada con el conocimiento del amor de Dios. Ninguna secta, categoría o clase de gente ha de ser privada de la luz que irradia del trono celestial. El mensaje de esperanza y misericordia debe ser llevado a los confines de la tierra… Ya no deben los paganos seguir envueltos en las tinieblas de medianoche. La lobreguez ha de desaparecer ante los brillantes rayos del Sol de justicia. El poder del infierno ha sido vencido.
Pero nadie puede impartir lo que no ha recibido. En la obra de Dios, la humanidad no puede generar nada… Era el áureo aceite vertido por los mensajeros celestiales en los tubos de oro, para ser conducido del recipiente de oro a las lámparas del Santuario, lo que producía una luz continua, brillante y resplandeciente. Es el amor de Dios continuamente transferido a los hombres y a las mujeres lo que los capacita para impartir luz. En el corazón de todos los que están unidos a Dios por la fe, el áureo aceite del amor fluye libremente, para brillar en buenas obras, en un servicio real y sincero por Dios.—Palabras de Vida del Gran Maestro, 343-345.

DEVOCIONAL ADVENTISTA
SER SEMEJANTE A JESÚS
Elena G. de White

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