3 de octubre 2020 | Devoción Matutina para Jóvenes | Ambrosio Paré

El perfume y el incienso alegran el corazón, y el dulce consejo de un amigo es mejor que la confianza propia. Proverbios 27:9.

Si te cortaras un dedo, ¿te gustaría que tu mamá usara aceite hirviendo en lugar de una bandita adhesiva para aliviarte? El aceite hirviendo era el único tratamiento para las heridas cuando Ambrosio Paré llegó a ser médico hace unos 480 años.

El Dr. Paré trabajó toda una noche bajo la luz de antorchas humeantes, en un hospital provisorio del ejército en el sur de Francia. Tenía que atender heridas graves, vendar y suturar amputaciones de brazos y piernas que no tenían remedio.

-Siento mucho tener que causarles dolor -decía el doctor-, ¡Sean valientes!

No había anestesia en ese entonces. El soldado se aferraba fuertemente con las dos manos de las orillas de la mesa sobre la cual estaba acostado, mientras el cirujano le cortaba la pierna con serrucho, justo arriba de la rodilla. Le fluía la sangre abundantemente hasta que el médico le aplicaba un fierro al rojo vivo, y cauterizaba de esa manera la sangrante herida. Como si ello no fuera suficiente, el médico procedía a verterle una olla de aceite hirviendo en la carne viva.

El soldado gritaba de dolor toda la noche, junto con los demás pacientes en el hospital de campo. Al día siguiente, todos los pacientes estaban peor de lo que habían estado la noche anterior.

-Debo darles otro tratamiento de aceite caliente -decidió el Dr. Paré. Le hizo señas a su asistente.

-Doctor, tenemos aceite solo para tres pacientes.

-¡Entonces, debo pensar en otra solución!

El médico se rascó la cabeza. Luego se le iluminó el rostro al pensar en una posible solución:

-Tráiganme todos los huevos que puedan encontrar -ordenó.

Batió todas las yemas con aceite de rosas y trementina. Luego les aplicó la mezcla cremosa a todos excepto a los tres que recibieron un segundo tratamiento de aceite hirviendo. Solo estos tres gritaron y empeoraron. Los demás, pudieron dormir plácidamente y comenzó el proceso de curación. De allí en adelante, el Dr. Paré continuó con sus experimentos para descubrir otros métodos de tratamiento a los pacientes sin causarles dolor.

Cuando alguien está dolido del espíritu, ¿cómo lo tratas? ¿Serán tus palabras crueles y desalmadas, como aceite hirviendo vertido sobre un corazón sangrante? ¿O le aplicas un suave bálsamo de palabras dulces y amables, que demuestran interés por su dolor? Podría ser que hoy encuentres a alguien que necesite una palabra amable de tu parte. ¿Estarías dispuesto a dársela?

DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2020



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