3 de noviembre | Devocional: Una religión radiante | Enseñar, predicar y sanar

«Después de esto, Jesús estuvo recorriendo los pueblos y las aldeas, proclamando las buenas nuevas del reino de Dios. Lo acompañaban los doce». Lucas 8: 1, NVI

CRISTO PODÍA HABER OCUPADO la más elevada posición entre los maestros de la nación judía, pero prefirió llevar el evangelio a los pobres. Iba de lugar en lugar, para que quienes andaban de acá para allá por caminos y senderos oyeran las palabras de verdad. A orillas del mar, en las laderas de los montes, en las calles de la ciudad, en la sinagoga, se oía su voz explicando las Sagradas Escrituras. Muchas veces enseñaba en el atrio exterior del templo para que los gentiles oyeran sus palabras.— El ministerio de curación, cap. 1, p. 11.

Jesús observaba con gran perspicacia las expresiones en los rostros de sus oyentes. Los que mostraban interés y le escuchaban gozosos le producían gran satisfacción. A medida que las flechas de la verdad penetraban hasta lo más íntimo de los corazones, superando las barreras del egoísmo, motivando al arrepentimiento y finalmente llevan- do a la gratitud, el Salvador se alegraba. Cuando su mirada recorría la muchedumbre y reconocía entre todos rostros que había visto antes, su semblante se iluminaba de gozo; el Maestro veía en ellos súbditos prometedores para su reino: Cuando la verdad, claramente enunciada, apuntaba hacia algún ídolo acariciado por alguien, notaba el cambio en el semblante de esa persona: la mirada fría y el ceño, como diciendo que la luz no era bienvenida; y cuando veía a la gente rechazar el mensaje de paz, su corazón se entristecía.— El Deseado de todas las gentes, cap. 26, p. 226.

«Jesús recorría toda Galilea. Enseñaba en las sinagogas de ellos, predicaba el evangelio del reino,y sanaba toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.». Mateo 4: 23, KVC

MI RELEXIÓN PERSONAL

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DEVOCIONAL: UNA RELIGIÓN RADIANTE

Reflexiones diarias para una vida cristiana feliz

Elena G. de White

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