3 de noviembre | Devocional: Exaltad a Jesús | Un intercesor

Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Hebreos 4:14.

Necesitamos proveernos del mismo espíritu que animaba al Señor Jesucristo. Cristo trabaja en nuestro favor; ¿trabajaremos nosotros por Cristo, en sus líneas? Niños, cultiven la paciencia y la fe y la esperanza. Que el Señor aumente el gozo de nuestra fe en este Intercesor eterno. No dejen que pase un solo día sin que comprendan la responsabilidad que tienen ante Dios frente al sacrificio de su Hijo unigénito. Jesús no recibe ninguna gloria de alguien que se transforma en un acusador de los hermanos. Que no pase ni un solo día sin que nos ocupemos de sanar y restaurar heridas viejas. Cultivemos el amor, y que de nuestros labios no escape ninguna palabra de malas sospechas. Cerremos esta puerta de inmediato, y mantengámosla cerrada; abramos la puerta desde donde Cristo preside, y mantengámosla abierta, porque conocemos el valor del sacrificio de Cristo y de su amor inalterable. Bebamos las aguas refrescantes de la vida que proceden de las fuentes del Líbano, pero rehusemos las aguas turbias del valle: los oscuros sentimientos de sospecha. Hay mucha veracidad en la causa, pero ¿echaremos a perder la fragancia de nuestro espíritu porque otros se visten de amargura? Dios no lo permita. Ni siquiera una décima parte de las malas sospechas es digna del tiempo que dedicamos a considerarla y a repetirla. Arranquen de sus palabras toda severidad; hablen con dulzura; mantengan inalterable su confianza en Jesús.

Tenemos un Abogado viviente que intercede por nosotros. Entonces, en principio transformémonos también en abogados en favor de los que yerran. “Y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza”. Hebreos 10:21-23. El es un fiel sumo sacerdote en todas las cosas que pertenecen a Dios.

Entonces, mientras él trabaja por nosotros, nosotros también trabajemos con igual interés y fervor para promover la unión entre unos y otros. Cristo oró para que nosotros participáramos de la misma naturaleza y unidad que existían entre él y el Padre. En todo lo que hagamos, esforcémonos por promover la confianza y el amor entre los hermanos, y de este modo contestaremos la oración de Jesucristo… No todas las posiciones e ideas que tienen acerca de sus hermanos son correctas… Coloquemos de lado todas estas imaginaciones y malas sospechas; mantengámonos estrechamente unidos con Cristo y pensemos en el rico ánimo que nos ha concedido, para que al mismo tiempo nosotros lo podamos compartir con los demás… Que la envidia y los celos se ahoguen en la corriente amorosa que procede de la fuente del amor de Dios. El pedido de ayuda de los que están próximos a perecer halla cabida inmediata en sus oídos. “Porque él librará al menesteroso que clamare, y al afligido que no tuviere quien le socorra”. Salmos 72:12.—Manuscrito 129, 1901.

DEVOCIONAL: EXALTAD A JESÚS

Elena G. de White

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