3 de julio | Devocional: Una religión radiante | Más a sanar que a sermonear

«Yo estoy por enviar a mi mensajero para que prepare el camino delante de mí. De pronto, vendrá a su templo el Señor a quien ustedes buscan; vendrá el mensajero del pacto, en quien ustedes se complacen». Malaquías 3:1, NVI

NO HA HABIDO NINGÚN OTRO EVANGELISTA como Cristo. El era la Majestad del cielo, pero se humilló hasta tomar nuestra naturaleza y ponerse a nuestro nivel. A todos, ricos y pobres, libres y esclavos, Cristo —el Mensajero del pacto— les ofrecía, las nuevas de la salvación. [,..] El que era Rey de gloria, revestido del humilde ropaje de la humanidad, iba de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo, predicando el evangelio y sanando a los enfermos. […]

Siempre se mostraba paciente y alegre, y los afligidos lo aclamaban como mensajero de vida y paz. Veía las necesidades de hombres y mujeres, de niños y jóvenes, y a todos invitaba diciéndoles: «Vengan a mí» (Mat. 11: 28, NVI).

Durante su ministerio, Jesús dedicó más tiempo a la curación de los enfermos que a la predicación. Sus milagros confirmaban lo que decía, que no había «venido para condenar al mundo, sino para salvarlo». (Juan 12: 47, LPH). Las noticias de su misericordia lo precedían por todos los lugares. Por donde él había pasado, los que habían sido objeto de su compasión, completamente sanos, demostraban su alegría; ya que ahora podían usar sus recuperadas facultades. Así que la gente los rodeaban para oírlos hablar de lo que les había hecho el Señor. La voz de Jesús fue para muchos el primer sonido que oyeron, su nombre la primera palabra que pronunciaron, su semblante el primero que contemplaron. ¿Cómo no iban a amar a Jesús y aclamarlo? Cuando el Redentor pasaba por pueblos y ciudades, era como una corriente de energía que proporcionaba vida y alegría por doquier — El ministerio de curación, cap. 1, pp. 11-12, 10-11, adaptado.

MI RELEXIÓN PERSONAL

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UNA RELIGIÓN RADIANTE

Reflexiones diarias para una vida cristana feliz

Elena G. de White

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