3 de febrero | Devocional: Alza tus ojos |  No como yo quiero, sino como tú

«En seguida Jesús se fue un poco más adelante, se inclinó hasta tocar el suelo con la frente, y oró diciendo: “Padre mío, si es posible, líbrame de este trago amargo; pero que no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú”». Mateo 26: 39, DHH

Si la voluntad divina ha de llegar a ser la nuestra, es preciso que nos conozcamos a nosotros mismos. Podemos trazar planes basados en nuestras ambiciones personales y en nuestros propósitos egoístas; pero el Señor conoce el fin desde el principio, y conoce la relación que todos debiéramos mantener con él y con nuestro prójimo. El Señor puede ver que la relación de unas personas con otras que tienen actitudes o un carácter inestable, puede afectamos negativamente. Quizá esto no les ocurra a quienes pueden razonar claramente de causa a efecto, pero las personas con las que usted se relaciona podrían ser precisamente las que no le darían la ayuda que usted necesita.

El sincretismo de ideas contrapuestas puede encadenar resultados desfavorables. De ahí que ningún ser humano pueda confiar en su propio juicio. La experiencia lo convencerá de su error. El Señor sabe lo que será más conveniente espiritualmente para el alma que vacila, dispuesta a arriesgarse a situaciones más allá de sus posibilidades. ¿Qué debemos hacer entonces? Nuestra única seguridad consiste en colocar a un lado nuestras preferencias y planes, diciendo: «No sea como yo quiero, sino como tú» (Mat. 26: 39). […] En los asuntos menores, tanto como en los de máxima importancia, lo primero que hemos de preguntamos es: ¿Cuál es la voluntad de Dios?, pues la suya ha de ser la mía. «¿Acaso se complace Jehová tanto en los holocaustos y sacrificios como en la obediencia a las palabras de Jehová? Mejor es obedecer que sacrificar; prestar atención mejor es que la grasa de los cameros» (1 Sam. 15: 22). ¿‘Quién podrá dañamos si hacemos lo correcto? Dios puede requerir que alguien realice una tarea y que ocupe una posición que es particularmente penosa y agotadora. El Señor tiene puesto para cada uno en su obra, al buscar el éxito fuera de ella arriesga su vida eterna. Eso fue lo que le ocurrió a Cristo cuando vino a nuestro mundo, al entrar en conflicto con el caudillo rebelde de los ángeles caídos. Dios había trazado un plan y Cristo lo aceptó. Consintió en encontrarse a solas con el enemigo, como cada ser humano debe hacerlo. Le fueron ofrecidos todos los poderes celestiales que pudieran apoyarlo en ese Gran Conflicto. Y si nosotros caminamos por el sendero de la voluntad de Dios tendremos a nuestra disposición ese mismo poder protector. Las mismas inteligencias celestiales servirán a los que serán herederos de la salvación a fin de que puedan resultar vencedores en toda tentación, grande o pequeña, como Cristo venció. Pero cualquiera que se situé en una posición peligrosa por algún motivo que no sea el de la obediencia a la voluntad de Dios, sucumbirá al poder de la tentación. […] Nadie está seguro si piensa que puede decidir por sí mismo.— Carta 22, 3 de febrero de 1899, dirigida a un hombre de negocios.

 

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DEVOCIONAL

ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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