29 de septiembre 2020 | Devoción Matutina para Jóvenes | William Wells Brown

Una vez fui joven, ahora soy anciano, sin embargo, nunca he visto abandonado al justo ni a sus hijos mendigando pan. Salmo 37:25.

William Brown, un esclavo fugitivo, sabía por experiencia propia lo que significaba depender del Señor para su próxima comida. Poco a poco, escribió la historia de su escape a la libertad bajo el título The Narrative of William W. Brown: A Fugitive Slave [La historia de William W. Brown: Un esclavo fugitivo]. Viajó por los Estados Unidos y Europa para vender su libro y llevar a cabo campañas en contra de la esclavitud.

Pero en 1833 llegó el día en que le quedaban sus últimas monedas. No estaba muy preocupado, pues tenía un compromiso para hablar en público el martes, y ese día era sábado. Su único gasto consistiría en comprar su propio boleto a Worcester, donde se llevaría a cabo la conferencia. Con esto en mente, se dirigió a la estación de ferrocarril.

-¿Qué distancia hay a Worcester? -preguntó William-, Quiero asegurarme de que tengo lo suficiente para comprar el boleto.

-Un poquito más de 160 kilómetros -le respondió el boletero.

William se fue, sabiendo que no tenía lo suficiente para pagar el boleto. “Encontraré a alguien que me preste el dinero -pensó William-, Podré devolverlo con la venta de mis libros en Worcester”.

Aunque anduvo toda la mañana del lunes, no encontró a nadie que estuviera dispuesto a prestarle la cantidad faltante. Casi sobre el mediodía, encontró a un esclavo pobre, hambriento y fugitivo.

-Ven conmigo -le dijo William- Tú y yo comeremos un buen plato de sopa caliente.

Allí gastó los últimos centavos que le quedaban.

Caminó por las calles el resto del día, buscando a la persona que le prestara para el boleto, pero esa noche regresó con las manos vacías.

“Señor, ya no sé qué hacer -oraba mientras caminaba-. Si realmente quieres que vaya a esa reunión, tendrás que mandarme el pasaje”.

Al cabo de unos minutos, luego de llegar a casa esa tarde, un hombre se le presentó con el dinero de varios libros vendidos por él.

-¡Alabado sea el Señor! -dijo William, al salir a comprar una buena cena y su boleto para el día siguiente.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2020



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