29 de Octubre | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | Se perdona la transgresión

«¡Cuán bienaventurado es aquel cuya transgresión es perdonada, cuyo pecado es cubierto!».

Salmo 32:1, NBLH

EL DIOS QUE ESTÁ ATENTO a la caída de un gorrión, también percibe nuestro proceder y sentimientos; advierte nuestra envidia, nuestros prejuicios, nuestros intentos de justificar nuestro proceder frente a cualquier injusticia. Cuando juzgamos mal las palabras y los actos de alguien, y nuestros propios sentimientos están agitados, de modo que hacemos declaraciones incorrectas, y se sabe que estamos en desacuerdo con esa persona, entonces inducimos a otros, por su confianza en nosotros, a considerar a esa persona como nosotros lo hacemos; y muchos quedan contaminados por la raíz de amargura que aparece de ese modo. Cuando resulta evidente que nuestros sentimientos son incorrectos, ¿procuramos suprimir las impresiones erróneas con tanta diligencia como la que manifestamos al motivarlas? […]

También el Señor exige que cuando hayamos cometido una injusticia, por pequeña que sea, confesemos nuestra falta, no solamente a quien ofendimos, sino a aquellos que por nuestra influencia fueron inducidos a considerar a nuestro hermano en forma equivocada, y a anular la obra que Dios le encomendó. […]

Podemos lograr que el perdón se anote junto a nuestro nombre, mediante el arrepentimiento y la confesión; o podemos resistir la convicción del Espíritu de Dios, y durante el resto de nuestra vida actuar de tal manera que parezca que nuestros sentimientos errados y nuestras conclusiones injustas no podían evitarse. Pero ahí están las acciones, los actos pecaminosos, la ruina de aquellos en cuyos corazones plantamos las raíces de amargura; ahí están los sentimientos y palabras envidiosos, las suposiciones mal intencionadas, que se transformaron en celos y prejuicios. […]

Cualquiera que sea la naturaleza de nuestro pecado, confesémoslo […] Entonces las expresiones de los labios testificarán de la inteligencia vivificada de la mente y de las profundas impresiones del Espíritu de Dios en el corazón.— Review and Herald, 16 de diciembre de 1890.

DEVOCIONAL ADVENTISTA

HIJOS E HIJAS DE DIOS

Elena G. de White

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