29 de marzo | Devocional: La maravillosa gracia de Dios | Un trono en cada corazón

Que habite Cristo por la fe en vuestros corazones. Efesios 3:17.

Dios nos ha comprado y quiere tener un trono en cada corazón. Nuestras mentes y nuestros cuerpos deben estar subordinados a él, y los hábitos y apetitos naturales deben someterse a las necesidades superiores del alma. Pero no podemos depender para nada de nosotros mismos en esta obra. No podemos seguir con seguridad nuestra propia orientación. El Espíritu Santo debe renovarnos y santificarnos. No debe haber una obra hecha a medias en el servicio de Dios.—The S.D.A. Bible Commentary 6:1088.

Cuando el corazón es limpiado de pecado, Cristo es entronizado en el lugar que una vez ocupaban la complacencia de si mismo y el amor a las riquezas terrenales. La imagen de Cristo se ve en la expresión del rostro. La obra de santificación prosigue en el alma. Desaparece la justicia propia. Surge el nuevo hombre, quien es creado según Cristo en justicia y verdadera santidad.—Consejos sobre Mayordomía Cristiana, 32.

“Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor”. 2 Corintios 3:18. Contemplar a Cristo significa estudiar su vida tal como se presenta en su Palabra. Debemos cavar para encontrar la verdad como si fuera un tesoro escondido. Debemos fijar los ojos en Cristo. Cuando lo recibimos como nuestro Salvador personal, nos da valor para acercarnos al trono de la gracia. Mediante la contemplación nos transformamos, y nos asemejamos moralmente al perfecto en carácter. Al recibir su justicia imputada mediante el poder transformador del Espíritu Santo, llegamos a ser semejantes a él. Albergamos la imagen de Cristo y ella se apodera de todo nuestro ser.—The S.D.A. Bible Commentary 6:1098.

El progreso ascendente del alma indica que Jesús gobierna el corazón. El corazón por medio del cual difunde su paz y su alegría, y los benditos frutos del amor, se convierte en su templo y en su trono. “Vosotros sois mis amigos—dice Cristo—, si hacéis lo que yo os mando”. Juan 15:14.— Testimonies for the Church 5:553.

Dad a Dios la ofrenda más preciosa que os sea posible hacer: dadle  vuestro corazón.—Hijos e Hijas de Dios, 100.

DEVOCIONAL

LA MARAVILLOSA GRACIA DE DIOS

Elena G. de White

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