28  de noviembre 2020 | Devoción Matutina para Jóvenes | Richard Nixon

Es cierto, cada uno de nosotros tendrá que responder por sí mismo ante Dios. Romanos 14:12.

Reinaba la oscuridad en la Casa Blanca. Excepto en la Sala Lincoln, donde estaba Richard Nixon a solas. Las profundas ojeras revelaban la tremenda presión a la cual había estado sometido los dos últimos años. La indignación surgida a raíz del incidente Watergate se había convertido en el clamor de la acusación. En lugar de someter a su país a un juicio prolongado y sumamente costoso, el presidente había decidido renunciar. Miró el reloj. Eran las dos de la madrugada del 8 de agosto de 1974.

Bostezó y dejó a un lado su discurso de renuncia. Cayendo de rodillas, le pidió a Dios la fuerza necesaria para sobrellevar el peso que entrañaba su decisión.

Luego se levantó, recogió sus notas y apagó la luz. Se dirigió a su habitación y se alistó para dormir. Sobre la almohada encontró una nota de su hija Julia.

“Te amo, papá -decía la nota-. Estoy muy orgullosa de ti”. Luego, le pedía que esperara una semana o diez días antes de tomar cualquier decisión.

-Si algo me hubiera hecho cambiar de opinión, habría sido esa nota -dijo Nixon en una ocasión-, Pero ya había decidido.

Al día siguiente, Rose Mary Wood, la secretaria del presidente, le dijo: -Su esposa y sus hijas quisieran estar en la Oficina Oval cuando pronuncie su discurso de renuncia. Quieren que el mundo entero sepa que están con usted.

-¡Imposible! -reaccionó Nixon.

-¿Entonces podrían permanecer en la habitación contigua?

-No. Hágame el favor de explicarles que este es un asunto que debo arreglar solo. La decisión es únicamente mía y debo enfrentarme a las cámaras solo.

¿Sabes? Así será en el día del Juicio, cuando tengas que estar frente al Trono de Dios. En esa hora, tú, así como el presidente Nixon, deberás estar solo frente a Dios para rendir cuentas de tus actos.

Tu papá, por más que quisiera, no podrá responder por tus acciones. Tu mamá, por mucho que te ame, no podrá cambiar el registro que tú mismo hiciste. Desde el momento en que eres capaz de distinguir entre lo bueno y lo malo, asumes ante Dios la responsabilidad por tus actos.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2020



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