28 de marzo | Devocional: Exaltad a Jesús | Ascendió a los cielos en forma humana

Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo. Hechos 1:11.

Mientras los discípulos estaban todavía mirando hacia arriba, se dirigieron a ellos unas voces que parecían como la música más melodiosa. Se dieron vuelta, y vieron a dos ángeles en forma de hombres que les hablaron diciendo: “Varones Galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? este mismo Jesús… así vendrá como le habéis visto ir al cielo”.

Estos ángeles pertenecían al grupo que había estado esperando en una nube resplandeciente para escoltar a Jesús hasta su hogar celestial. Eran los más exaltados de la hueste angélica, los dos que habían estado con él durante toda su vida en la tierra. Todo el cielo había esperado con impaciencia el fin de la estada de Jesús en un mundo afligido por la maldición del pecado. Ahora había llegado el momento en que el universo celestial iba a recibir a su Rey…

Cristo había ascendido al cielo en forma humana. Los discípulos habían contemplado la nube que le recibió. El mismo Jesús que había andado, hablado y orado con ellos; que había quebrado el pan con ellos; que había estado con ellos en sus barcos sobre el lago; y que ese mismo día había subido con ellos hasta la cumbre del monte de las Olivas, el mismo Jesús había ido a participar del trono de su Padre. Y los ángeles les habían asegurado que este mismo Jesús a quien habían visto subir al cielo, vendría otra vez como había ascendido. Vendrá “con las nubes, y todo ojo le verá”… Bien podían los discípulos regocijarse en la esperanza del regreso de su Señor.

Los discípulos ya no desconfiaban del futuro. Sabían que Jesús estaba en el cielo, y que sus simpatías seguían acompañándolos. Sabían que tenían un Amigo cerca del trono de Dios, y anhelaban presentar sus peticiones al Padre en el nombre de Jesús… Extendían siempre más alto la mano de la fe, con el poderoso argumento: “Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó… el que también intercede por nosotros”. Romanos 8:34. Y el día de Pentecostés les trajo la plenitud del gozo con la presencia del Consolador, así como Cristo lo había prometido.—El Deseado de Todas las Gentes, 771-772.

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DEVOCIONAL

EXALTAD A JESÚS

Elena G. de White

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