28 de julio | Devocional: Exaltad a Jesús | Subpastores

 

Apacentad la grey de Dios… cuidando de ella. 1 Pedro 5:2.

El gran Pastor tiene subpastores, a quienes delega el cuidado de sus ovejas y corderos. La primera obra que Cristo confió a Pedro, al restaurarlo en el ministerio, fue la de apacentar sus corderos. Esta era una obra en la cual Pedro tenía poca experiencia. Iba a requerir gran cuidado y ternura, mucha paciencia y perseverancia. Lo llamaba a ministrar a los niños y jóvenes, y a los que fuesen nuevos en la fe, a enseñar a los ignorantes, abrirles las Escrituras y educarlos para ser útiles en el servicio de Cristo. Hasta entonces Pedro no había sido idóneo para hacer esto, ni siquiera para comprender su importancia.

Era significativa la pregunta que Cristo dirigió a Pedro. Mencionó una sola condición del discipulado y servicio. “¿Me amas?” le preguntó. Esta es la calificación esencial. Aunque Pedro poseyese todas las demás, sin el amor de Cristo no podía ser un fiel pastor de la grey del Señor. El saber, la benevolencia, la elocuencia, la gratitud y el celo son de ayuda en la buena obra; pero sin el amor de Jesús en el corazón, la obra del ministerio cristiano resultará en fracaso.

Pedro recordó durante toda su vida la lección que Cristo le enseñó a orillas del mar de Galilea. Dijo, escribiendo a las iglesias, inspirado por el Espíritu Santo:

“Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de las aflicciones de Cristo, que soy también participante de la gloria que ha de ser revelada: Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, teniendo cuidado de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino de un ánimo pronto; y no como teniendo señorío sobre las heredades del Señor, sino siendo dechados de la grey. Y cuando apareciere el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de la gloria”. 1 Pedro 5:1-4.

La oveja extraviada del redil es la más inerme de las criaturas. Hay que buscarla; pues no puede encontrar por sí misma el camino para volver. Así es con el alma que se ha alejado de Dios; es tan impotente como la oveja perdida; y a menos que el amor divino acuda en su socorro, nunca podrá encontrar el camino hacia Dios. Por lo tanto, ¡con qué compasión, pena y perseverancia, debe el subpastor buscar a las ovejas perdidas!… Esto significa soportar molestias físicas y sacrificar la comodidad. Significa una tierna solicitud para con los que yerran, una compasión y tolerancia divinas. Significa tener un oído que pueda escuchar con simpatía lamentables relatos de yerros, degradación, desesperación y miseria.

El espíritu del verdadero pastor consiste en el olvido de sí mismo. El pierde de vista el yo.—Obreros Evangélicos, 190-192.

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DEVOCIONAL: EXALTAD A JESÚS

Elena G. de White



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