28 de febrero | Devocional: Nuestra Elevada Vocación | Gozo inefable y glorificado

Al cual, no habiendo visto, le amáis; en el cual creyendo, aunque al presente no le veáis, os alegráis con gozo inefable y glorificado. 1 Pedro 1:8.

Cristo ha dicho: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba”. Juan 7:37. ¿Habéis agotado la fuente?—No; porque es inagotable. No bien sintáis vuestra necesidad, podéis beber, y beber otra vez; la fuente siempre está llena. Y cuando hayáis bebido una vez de esa fuente, no andaréis procurando apagar vuestra sed en las cisternas rotas de este mundo; no andaréis averiguando cómo podéis encontrar más placer, diversión y entretenimientos. No; porque habréis estado bebiendo de las corrientes que alegran la ciudad de Dios. Entonces vuestro gozo será pleno, porque Cristo estará en vosotros, la esperanza de gloria.—The Review and Herald, 15 de marzo de 1892.

En él se encuentra un gozo que no es incierto ni insatisfactorio. … ¿Por qué no ha de presentarse la religión de Cristo como realmente es, llena de atractivo y poder? ¿Por qué no hemos de presentar delante del mundo la hermosura de Cristo? ¿Por qué no mostramos que tenemos un Salvador vivo, uno que puede caminar junto a nosotros en las tinieblas como en la luz, y en quien podemos confiar? …

Hemos visto interponerse nubes entre nosotros y el sol, pero no nos lamentamos y vestimos de saco, por temor de no volver a ver el sol. No manifestamos ansiedad por eso, sino que esperamos, tan gozosamente como podemos, que pasen las nubes y vuelva a brillar el sol. Así también acontece con nuestras pruebas y tentaciones. Pareciera que las nubes nos privan de los brillantes rayos del Sol de Justicia; pero sabemos que el rostro de nuestro Redentor no se ocultará para siempre. El nos está contemplando con amor y tierna compasión. No desechemos nuestra confianza, porque tiene grande remuneración, pero cuando las nubes se acumulen sobre el alma, mantengamos nuestros ojos fijos donde podamos ver el Sol de Justicia, y regocijémonos de que tenemos a un Salvador vivo. Pensemos cuán hermosa fué la luz de que hemos disfrutado, mantengamos la mente fija en Jesús, y la luz volverá a brillar sobre nosotros, y los pensamientos de desánimo se irán. Tendremos gozo en Cristo, e iremos cantando en nuestro recorrido hacia el Monte de Sión.—Ibid.

DEVOCIONAL: NUESTRA ELEVADA VOCACIÓN

Elena G. de White

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Devocional

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