28 de febrero | Devocional: Alza tus ojos | Andar por fe, no por vista

«Caminamos guiados por la fe y no por lo que vemos». 2 Corintios 5: 7, LPH

Necesitamos en todo momento «la fe que obra por el amor» (Gál. 5: 6) y purifica el alma. Esta fe revitaliza y eleva nuestro espíritu mediante la grandeza de una vida de consagración, lo cual resulta esencial para todo el que corre la carrera cuya meta es la vida eterna. La fe nos eleva a una atmósfera más pura y santa, capacitándonos para mirar hacia adelante, a logros cada vez más elevados, y para percatamos claramente de los peligros de una vida de indulgencia propia. Mire por la fe más allá de usted mismo, y vea en la obra de Dios el medio para alcanzar las riquezas que pueden depositarse junto al trono de Dios. ¡Qué enorme amplitud y profundidad de conocimientos pueden obtenerse mediante una consagración sin reservas a Dios! El Señor quiere poseernos por entero, o de lo contrario, nada. No se puede comprar su favor con donativos monetarios, él pide una entrega completa.

No es necesario que conozcamos los resultados del curso de acción que seguiremos antes de entregamos plenamente a Dios. No necesitamos ver el camino o saber qué nos deparará el futuro. Una cosa sí hemos de tener clara, porque Dios lo ha dicho: el que teme a Dios y obra justamente será aceptado por él. Esto es todo lo que necesitamos saber. Día tras día camine con humildad y consagración ante del Señor. Su destino futuro depende de su propio curso de acción. «Escogeos hoy a quién sirváis» «Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él». Sea una cosa o la otra. «No podéis servir a Dios y a las riquezas» (Jos. 24: 15; 1 Rey. 18: 21; Luc. 16: 13). Nuestra felicidad presente, y nuestro bienestar futuro, dependen de nuestra propia elección. Si escogemos servir a Jesús tendremos que obedecer las palabras: «Si alguien quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame» (Mat. 16: 24).

La vida eterna es para todo aquel que «come» la «carne» y «bebe» la «sangre» del Hijo de Dios y que vive «de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Juan 6: 54, Mat. 4: 4). Los que hacen esto obtendrán una clara comprensión de lo que significa ser , uno con Cristo.

«Pero los que tienen la sabiduría que viene de Dios, llevan ante todo una vida pura; y además son pacíficos, bondadosos y dóciles. Son también compasivos, imparciales y sinceros, y hacen el bien. Y los que procuran la paz, siembran en paz para recoger como fruto la justicia» (Sant. 3: 17, 18, DHH). Dos personas pueden estar ocupadas en los mismos actos de adoración exterior y, con todo, el servicio de una, cuando es pesado en la balanza de oro del Santuario, puede ser hallado falto, mientras que el de la otra puede ser aceptado. Solamente el servicio que se realiza con sinceridad, con corazón humilde y consagrado, es aceptable a Dios.— Carta 39, 28 de febrero de 1903, dirigida a un hombre de negocios adventista; adaptado.

 

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DEVOCIONAL

ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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